Combatir el dolor


La medicina actual dispone de una batería de fármacos destinados a combatir el dolor. El dolor intenso desestabiliza al más entero de los seres humanos. En ausencia de dolor, el cuerpo está como vacío. Ninguna de sus partes se hace notar y disfrutamos de un equilibrio placentero. En cuanto nos duele algo (la cabeza o el dedo gordo del pie), se rompe el equilibrio y desaparece la estabilidad. Buscamos con presteza el remedio que elimine el dolor, restablezca el equilibrio y ninguna parte del cuerpo se signifique. Cualquiera que haya tenido dolor, sabe apreciar la acción de ese fármaco que lo hace desaparecer.

Las investigaciones bioquímicas han proporcionado a médicos y pacientes un buen número de fármacos (analgésicos) destinados a combatir el dolor. Hay medicamentos para combatir el dolor de cabeza, de estómago, de muelas, de garganta, muscular, de espalda, etcétera. La aspirina y el ibuprofeno son analgésicos antiinflamatorios no esteroideos que se usan con mucha frecuencia para dolores leves y se venden sin receta. Los analgésicos opiáceos, como la morfina, se usan para cuadros de dolor intensos y necesitan el control del médico. Los fármacos anestésicos posibilitan la labor de los cirujanos, sin que el paciente sufra el más mínimo dolor.

Por eso me parece muy interesante la noticia (La Voz de Galicia, 21 de septiembre) que anuncia que el laboratorio Esteve y la USC analizan 3.500 compuestos para combatir el dolor.

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