Mujer y ciencia, también lo evidente

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

22 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

No hay tiempos en los que no sea preciso luchar por lo que es evidente. Y en el mundo hay una evidencia y es la desigualdad, que se acentúa cuando el foco lo ponemos en aquella entre hombres y mujeres. La mayor parte de las veces dramática, hasta la muerte, y siempre injusta.

De ahora mismo lo que sucede en este recientemente constituido Congreso de los Diputados: Solo una cuarta parte de la comisiones son presididas por una mujer, solo un poco más, el 29 %, de los portavoces de los partidos en esas comisiones son mujeres. Y pueden ustedes seguir con la judicatura, la gerencia sanitaria, la empresa, los cuerpos de élite de funcionarios del Estado, los catedráticos de universidad, y así cuanto quieran. O como se ha puesto de manifiesto en el libro blanco Mujeres en la Ciencia Española 2010, del antiguo Ministerio de Ciencia e Innovación, que en igualdad de condiciones los investigadores varones tienen 2,5 veces más posibilidades de conseguir un ascenso que las investigadoras mujeres.

Por eso, sorprende y escandaliza que la revista científica Arbor del Consejo Superior de Investigaciones Científicas atribuya la discriminación tan objetiva que se agudiza a medida que avanza la carrera investigadora al «abandono femenino» por el «peso de la vida cotidiana» y que se perpetúe el «efecto tijera»: «por insatisfacción, porque la mujer tiene otros horizontes, porque no le compensa el estrés... ».

Los datos extraídos de la página web del CSIC, año 2015 son contundentes: En los inicios de la carrera investigadora, formación de doctorado, las mujeres superan en un 15 % a los hombres, situación que entre los posdoctorales se invierte con un 15 % más de hombres. La desigualdad se incrementa en el primer escalón de los funcionarios, científicos titulares, donde hay un 20 % más de hombres que de mujeres, para llegar al 30 % en investigadores científicos, y al 50 % en la de profesores de investigación, donde el 75 % de ellos son varones y el 25 % son mujeres.

Las científicas que escriben en el monográfico de Arbor ¿Hay mujeres más allá del feminismo? deberían sostener sus posiciones en la evidencia, y responderse si en la carrera investigadora a los varones no «les pesa la vida cotidiana», o no tienen «insatisfacción», o quizá «no tienen otros horizontes», o quizá «no les compense el estrés», puesto que si estos atributos o causalidades los consideran propios de las mujeres deberían científicamente demostrarlo. Por ello, no es aceptable que una de las revistas españolas del área de Humanidades que se indexa en SCimago (Scopus) dé cabida a trabajos puramente ideológicos, por más que en ciencia eso también exista, pero no en el método científico.

Uno está acostumbrado a los dislates de las ideologías, pero cuando -entre 1986 y 1990- colaboramos en la revista Arbor desde su secretaría de Redacción lo hicimos buscando la pluralidad y el mejor rigor del método científico. Treinta años después, sus responsables la han llevado a ser portavoz, comprometiendo en ello al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, de quienes niegan la desigualdad de género. Desigualdad tan evidente como injusta.