Bien podría tratarse del título de una novela de Vargas Llosa, pero desgraciadamente no lo es: «La puta coja». Así es como se expresó en septiembre del 2015, o sea anteayer, la hoy diputada de En Marea Ángela Rodríguez, al referirse a la secretaria xeral de Podemos Galicia, Carmen Santos, y a su discapacidad física. Las disculpas en un caso de esta gravedad no pueden resultar suficientes. Son muchos los discapacitados españoles que se han sentido gravemente ofendidos, y lo único aceptable en que presente su dimisión, y se vaya para casa a aprender las más elementales formas que debe exhibir una representante del pueblo español. Cuando tenga la lección bien aprendida, que vuelva a la arena política, aunque para entonces toda presagia que En Marea será agua pasada. Por lo lento que imagino que será su reconversión a los buenos modales y por lo raudo de la descomposición de la formación radical gallega. Así es como denominaban los nazis a los discapacitados, y por eso nada de dar por buenas las disculpas a las que apela el candidato de En Marea, Luís Villares. En Marea presume de pretender por encima de todo superar las barreras sociales, pero nos encontramos con que una de sus diputadas dice lo que dice. Son aprendices, en el fondo y en las formas, y tal vez no se puede pretender pedir peras al olmo. Por eso, que se vaya, y que pongan a otro que sepa dirigirse a un discapacitado con la corrección que toda persona merece.