Paciencia infinita y terceras elecciones


Analista electoral

Los representantes que hemos elegido el 20D y el 26J, porque son los mismos, son los únicos de la Unión Europea que no saben traducir la voluntad popular en poder legislativo y ejecutivo, una anomalía preocupante porque no se requiere proeza alguna para conseguirlo si cada cual respeta al mandato que recibió de sus electores. Un mandato que es múltiple e incluso contradictorio, porque los resultados de los partidos no son un todo uniforme sino la suma de distintos grupos de electores. De hecho, cuatro de cada diez votantes del PP consideraron razonable la abstención de su partido para facilitar la investidura de Pedro Sánchez, la misma proporción de los votantes del PSOE que, ante unas nuevas elecciones, favorecerían la investidura de Mariano Rajoy. Luego este asunto del acuerdo entre las dos listas más votadas, el PP y el PSOE, divide a sus electorados en dos mitades y define un nuevo espacio electoral más numeroso, el de los votantes del bipartidismo que consideran necesario el acuerdo entre el PP y el PSOE, un lugar que comparten con los votantes de Ciudadanos.

En este orden de cosas, España es un Estado plurinacional del suroeste de la Unión Europea, o no lo es. Dicho de otra forma, si el PSOE no se abstiene en la investidura de Rajoy, habrá elecciones, las terceras para elegir lo mismo, porque como ha dicho Francesc Homs, a nadie se le puede obligar a suicidarse políticamente, y esto lo incluye. Homs es el hombre de la política real y está en el Congreso para negociar, lo que empieza por el reconocimiento de su nación y se plasma aceptando su comisión parlamentaria para el estudio de un referendo en Cataluña. Susana Díaz no es capaz de situarse ahí, luego olvídense Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de marearnos con los escaños de CDC, ERC o el PNV en tanto nieguen la certidumbre plurinacional del Estado, o entiéndanse con sus afines ideológicos, el PP y Ciudadanos.

El presidente interino ha tenido que aceptar las condiciones previas de Albert Rivera para sentarse a hablar sobre su investidura. La gente sabe que esto ha cambiado y da lo mismo el que pongan, porque ya no hará de su capa un sayo, sino las políticas convenidas por al menos tres partidos. Pero a los políticos les pierden las formas o el qué dirán, y esto nos exige paciencia infinita. No votaremos cuatro veces para elegir lo mismo; antes pondrán un presidente que no hará reformas, sino aprender a gobernar, a alcanzar acuerdos con terceros e incluso a desaparecer en el medio plazo, porque así lo exigen el interés general y el prestigio de las instituciones.

En definitiva, la estructura del comportamiento electoral está cambiando en España y ya es otra pluripartidista. El PP no alcanzaría los 7,9 millones del 26J si hubiera que votar, aunque quizá perderían más los de UP porque ya son comparsas del PSOE y van cayendo a las posiciones de Cayo Lara de mayo del 2014. Vascos y catalanes se equivocarían apoyando a quien los considera hologramas. Luego todo apunta a elecciones, las terceras.

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