Los que adoramos la ópera sabemos que su secreto está en que es como la copla: apasionada, intensa... brutal. No es un espectáculo para caballeros atildados o lánguidas damiselas de apretado corsé. La ópera emociona, sorprende y agota. Prueben a escuchar solo una horita de Wagner y verán que es como echarse a correr por un paseo marítimo y Tatuaje, ese clásico -ya saben, «él vino en un barco/de nombre extranjero...»- podía ser la trama de algunas de las óperas más conocidas: sexo, desamor, autodestrucción...
Por fin hay un programa (This is opera, con reposiciones los jueves a las 21.15 en La 2) que nos enseña cómo disfrutarla y nos ofrece una visión nada cursi de este arte total. Lo interesante del espacio es que no trata al espectador como si fuese tonto ni un melómano con butaca en Bayreuth. Tal vez por eso su target es el de gente que le gusta la ópera pero no es muy experta.
Gener ha dado con la cuadratura del círculo, y es una pena que quede confinado a La 2 (en temporada se emitió los domingos por la noche) cuando podría tener un lugar más destacado. ¿Alguien pensaba que las tertulias políticas tuviesen millones de espectadores? ¿o que un concurso de cocina (¡dónde queda Con las manos en la masa!) sería la estrella del prime time)? En un país donde Sálvame arrasa, apostaría por horario estelar: al fin y al cabo, en la ópera hay más sexo, dragones, incestos y muertes que en Juego de Tronos.