Vuelve Tarzán

María Cedrón CORRE FORREST, CORRE

OPINIÓN

Hay una tumba en Blackpool (Reino Unido) que guarda los restos de uno de los primeros activistas afroamericanos de la historia. Pese a vivir a finales del XIX, George Washington William no se cansó de denunciar atrocidades llevadas a cabo por los belgas contra la población negra en el Congo. El personaje resucita en La Leyenda de Tarzán, la película que pretende redimir a Edgar Rice Borroughs de los toques racistas que desprenden sus libros. Porque aunque se hayan rodado decenas de títulos basados en la historia de aquel niño blanco perdido en la selva africana, parece que ninguna de las anteriores juega un papel tan crítico como el que pretende la producción del director David Yates.

Pese a que algunos se han cebado con ella antes de su estreno mañana en España, al menos cuenta con la baza de Samuel L. Jackson. El talento de ese ex pantera negra que nos descubrió Tarantino en Pulp Fiction será puesto al servicio de Williams. Para alguien que portó el féretro de Martin Luther King, es una oportunidad de continuar en la lucha. Aunque al final la película sea mala y no desborde en la taquilla, Samuel L. Jackson habrá interpretado a un héroe. No le asustan los retos. Lo demostró cuando Tarantino le propuso entrar en el reparto de Django. Recuerden solo su respuesta: «¿Quieres que interprete al personaje negro más odioso de la historia? Bien, hagámoslo».