Sánchez es el caballero negro de Monty Python

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

15 jul 2016 . Actualizado a las 08:09 h.

Al ex primer ministro británico David Cameron, que pasará a la historia como uno de los mayores patanes que ha dado la política europea, hay que reconocerle al menos cierto estilo a la hora de despedirse del cargo. Haciendo gala de grandes dosis de la inveterada flema británica, escogió el humor frente a la grandilocuencia y, tras parodiarse cruelmente a sí mismo, comparó a su rival, el laborista Jeremy Corbyn, con el caballero negro de los Monty Python. Aquel que, después de perder sucesivamente los dos brazos y las dos piernas en un duelo a espada, y siendo ya solo un tronco humano en equilibrio inestable, seguía desafiando orgulloso al enemigo, afirmando que se trataba solo de heridas superficiales y negándole el paso. Aunque el humor que se estila en nuestro Parlamento está más cerca de Chiquito de la Calzada que del genial grupo británico, en España tenemos nuestro propio caballero negro, que no es otro que el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez.

Llegado al cargo como solución accidental para representar al partido en unas elecciones que se daban por perdidas, y a la espera de que Susana Díaz se hiciera con las riendas, Sánchez sufrió el 20D una sangrienta derrota, la mayor de la historia del PSOE, al que dejó en unos escuálidos 90 escaños. Una estocada mortal para cualquier político. Pero, impertérrito, no solo no claudicó, sino que, con semejante tara, se lanzó a la imposible tarea de gobernar, como si aquello fuera solo un rasguño, desafiando a todos de manera tan altiva como cómica desde la pequeñez de los 131 escaños que sumaba con Ciudadanos. Después de ser sádicamente mutilado de nuevo en la investidura, con dos terribles espadazos en forma de amplísimas derrotas, Sánchez, contra toda lógica, siguió retador. Se limpió impasible los goterones de sangre y tuvo arrestos para presentarse a unas segundas elecciones. En esta ocasión, las heridas fueron atroces, quedando el candidato socialista reducido a la mínima expresión, al dejar al PSOE en los huesos de los 85 escaños, 52 menos que el ganador. Y, lo que es peor, sin capacidad alguna de plantear batalla o de encabezar un Gobierno alternativo. Voces autorizadas de su partido añadieron entonces horrendas laceraciones al ya calamitoso estado de Sánchez, al advertirle de que cediera el paso de una vez y permitiera al PSOE retirarse a sus cuarteles de invierno.

Pero, siendo ya solo un tronco varado e inerme, el líder socialista insiste, como el caballero negro, en que es invencible y en que lo suyo son solo pupas de menor consideración. «Jamás cederé el paso, cobardes», grita desafiante desde el suelo, sin importarle que su empeño macabro esté poniendo en peligro el crédito internacional de España. Antes de que asistamos a lo que sería ya el puro gore de unas terceras elecciones, de las que saldría convertido en carne picada, sería bueno que los suyos recogieran los restos del caballero negro, lo sustituyeran por alguien más juicioso y permitieran que la lógica se abra paso de una vez.