¿Por qué le va de perlas al pobre Mariano?


Conscientes de que no pueden ganar, y de que su única esperanza es que el PP se labre su propia derrota, el PSOE, Podemos y C’s, con sus brigadas mediáticas, iniciaron una colosal campaña para convertir a Rajoy en un inútil, al que la presidencia del Gobierno le había tocado en la tómbola. Y tanto éxito tuvieron que el hombre que se hizo registrador a los 24 años, que fue concejal de Pontevedra y presidente de su diputación; director general, vicepresidente de la Xunta y secretario del Parlamento en Galicia; que fue ministro cuatro veces, y culminó su carrera como vicepresidente y presidente del Gobierno, acabó siendo ninguneado por una tropa de meritorios que lo trataron de vago, pasota, indeciso, inmovilista y gregario.

El pueblo, que a veces está en Las Batuecas, también creyó que todo era verdad, e incluso ayudó a señalarlo como el gran corrupto, y como el tapón que impide que sus livianos opositores realicen la misión que la historia les reserva. Y, para reforzar esta idea, se utilizaron otros dos argumentos de éxito. Que, mientras Cameron hacía relaciones en Bruselas, hablando en perfecto inglés, el inculto e irrelevante Rajoy salía esquinado en todas las fotos. Y que, mientras el audaz Cameron compactaba su país a base de referendos, a Rajoy se le deshacía España en sus manos timoratas.

El plan salió perfecto en todo menos en el resultado. Porque, cuando los españoles tuvimos que elegir entre el pobre que no habla inglés y esta nada absoluta que dice tonterías en varios idiomas, escogimos lo seguro y relegamos a los fantoches. Y, si esto provocó gran consternación entre la oposición, no quiero mencionar la desorientación que sembró en los estudios y redacciones de la brigada mediática.

Ahora resulta que no concurrió a la investidura, y acertó. Que no fue tan proactivo como Cameron, y acertó. Que no infló el papo como los emergentes, y acertó. Que en Bruselas le tienen por un gobernante de pulso fuerte, que doblegó la bancarrota de Zapatero, mientras despiden a Cameron como un chuleta fracasado. Que frenó en seco los chalaneos de Juncker con Escocia, y todos le dieron la razón y las gracias. Que peleó el 26J contra tirios y troyanos, y los humilló. Y que, mientras los partidos catalanes se sumergen en el caos, y los españoles en la contradicción, el PP sigue vertebrado entorno a la prudencia y la lógica de su líder incuestionable.

¿Que cómo se explica? Muy fácil. Porque su imagen de torpe y corrupto, que solo era virtual, desconcertó a sus adversarios en la batalla real. Y porque, lejos de urdir guapas estrategias para un país imaginario, solo dice sí o no -como Cristo nos enseña- delante de las evidencias. Por eso no estamos ante la injusta victoria del tonto corrupto sobre los listos impolutos, sino ante el triunfo de la realidad sobre el bluf y la arrogancia.

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¿Por qué le va de perlas al pobre Mariano?