Reflexiones tras el 26J


Expresidente del Principado y senador del PSOE por Asturias

Los resultados del 26J han revelado el fracaso de las encuestas y sus cocinas, que exigen una urgente renovación. Más que nunca, los sondeos han protagonizado una campaña que partió de erróneas predicciones y arrinconó el debate de alternativas a los graves problemas de la sociedad española.

La constatación de que la integración de fuerzas en una coalición no se convierte en una suma aritmética, evidencia falta de rigor y la omisión de lo que era un secreto a voces: la absorción de IU por Podemos no era percibido como una unión entre iguales. Tampoco supieron predecir el aumento del voto conservador, motivado por la estrategia de polarización del PP, con el beneplácito de Podemos. El efecto brexit se minusvaloró y fue muy importante por la incertidumbre económica, a la vez que ayudó a esquinar la gravedad del escándalo de las grabaciones del ministro del Interior y del jefe Antifraude de Cataluña.

El PP ganó las elecciones por estrategia, sin formular propuestas que sedujesen al electorado, con lo que los problemas reales perviven, con el reto de la gobernabilidad como prioridad absoluta. Un partido que desde el 2011 ha perdido 49 escaños no puede celebrar su triunfo y debería pensar cómo tomar la iniciativa y regenerarse. Y como carece de mayoría absoluta, está obligado a modificar leyes con amplio rechazo social. En sus manos está conseguir el apoyo de otras formaciones de centro derecha y vencer su inmovilismo.

El PSOE, como segunda fuerza, no obtuvo buenos resultados. Perdió 5 escaños, quedando a 52 del PP, pero palía su derrota con su hegemonía en la izquierda. El PSOE ayudará a la gobernabilidad desde la oposición, sin perder la coherencia con su programa y, sobre todo, pensando que los españoles exigen un cambio real.

Unidos Podemos, el gran perdedor, no logró el deseado sorpasso por sus errores y falta de credibilidad. Su forzada alianza con IU fue más una absorción y una humillación. Su camaleónica transfiguración, desde la transversalidad a la sobrevenida socialdemocracia, la atención al márketing por encima del rigor, su egoísmo partidista por no apoyar un Gobierno presidido por Pedro Sánchez, y la bandera del «derecho a decidir» fue un cóctel difícil de asumir. Perder más de un millón de votos es una derrota sin paliativos.

Ciudadanos también ha salido golpeada, perdiendo 8 diputados, producto de la estrategia de polarización de toda la campaña y la irrupción del brexit, que favorecieron al PP y su estrategia del voto útil de la derecha.

Rajoy debe tomar la iniciativa y recabar apoyos para gobernar, en coalición o en minoría, con formaciones del centro derecha. Tendrá que negociar y la oposición deberá plantear exigencias: empleo con derechos; frenar la pobreza y la desigualdad; consolidar el Estado de bienestar; garantizar la sostenibilidad de las pensiones; abordar una reforma constitucional de amplio consenso, que abra las puertas a un proyecto federal que evite refrendos disgregadores y amenace la cohesión social y territorial. También contribuir a que Europa sea fiel a sus principios y se consolide como una potencia económica con derechos civiles y bienestar social.

Hay que levantar la mirada, pensar en el interés general y dar respuestas a los ciudadanos. Es tarea de todos.

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