¿Por qué?

Manuel García Reigosa
M. G. Reigosa EL PERISCOPIO

OPINIÓN

A Guardiola le cuesta entender que, en el fútbol, los resultados suelen distorsionar los análisis. Las victorias diluyen la capacidad crítica y las derrotas acentúan la acidez, aunque a veces la distancia entre un escenario y otro sea un gol en el tiempo añadido, como le sucedió a su Bayern en octavos de final con la Juventus. Tampoco lleva de buen grado que en su grupo y en su manera de conducirlo pueda haber voces que no sintonizan con su discurso y sus propuestas. Y si además esas disonancias trascienden a la prensa, como le ha sucedido en más de una ocasión en su etapa Múnich, lo comen los demonios. En la capital bávara no tanto como en Barcelona, porque a orillas del Rhin siempre encontró más oposición a sus planteamientos.

Lo que nunca le podrá negar nadie a Guardiola es su gusto por la posesión de balón, por la presión en cancha contraria, por hacer del ataque el primer mandamiento en defensa, porque sus equipos son atrevidos y generosos. Quizás excesivamente dogmáticos. Al fin y al cabo, manejar más registros no tiene por qué ser una traición a una idea sino un rasgo que enriquece y potencia la capacidad competitiva. Jugar y competir no son sinónimos.

De cara a su nueva etapa en el Manchester City, y al abrigo de esa perspectiva de los resultados, el Real Madrid le ha hecho un favor. Heredar un equipo ganador no suele ser buen negocio.