Suicidio asistido


El Gobierno de Canadá ha presentado un proyecto de ley para legalizar el suicidio realizado con asistencia médica cuando la enfermedad es irreversible y el enfermo no siente ya ni el menor deseo de ir a bailar a los sanfermines. Esta ley canadiense -que, dentro de pocos años, será también española- dejará de castigar a médicos y enfermeros que proporcionan a los enfermos los medios o la información para salir de este valle que la salve cristiana llama de lágrimas. Por ejemplo, en España se suicidan cada día una media de casi diez personas, que recurren a este medio de poner fin a sus sufrimientos y a quienes tan bien les vendría una ayudita médica. Esta ley del Gobierno de Justin Trudeau, que es un signo de civilización, solo amparará a canadienses y residentes. También este Gobierno libera de la obligación de voto favorable a la ley a los miembros del partido que crean que esta ley va contra sus creencias religiosas. Hagamos un pequeño repaso: sufragio femenino, divorcio, control de la natalidad o matrimonio homosexual no han sido inventos españoles. Ya dijo en su día Unamuno aquello de que inventen ellos. Y ellos -gentes civilizadas de otros países, o sea, gentes tolerantes- nos trajeron estos inventos que, naturalmente, no son para todos los públicos, sino tan solo para quienes quieran utilizarlos. Pero, intolerantemente, quienes no quieren utilizarlos, en no pocas ocasiones, se niegan a que los utilicen los que ven bien estos inventos tan humanitarios.

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