Iglesias se ríe de Sánchez y de los demás españoles

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

La prueba más evidente de que en términos políticos España está bajo mínimos es que haya quien se tome en serio la tramposa consulta organizada por Podemos. El partido que nos prometía la regeneración de la política y el advenimiento de la «verdadera democracia» continúa empeñado en tomar el pelo a los ciudadanos y en tomarse también a pitorreo la grave situación política que atraviesa el país. «¿Quiere un Gobierno basado en el pacto Rivera-Sánchez?». Esa es la ridícula pregunta que le ha formulado Pablo Iglesias a su militancia para presentar el garantizado no masivo como un respaldo abrumador de las bases a su liderazgo personal. Una fórmula esa, la de plantear referendos en unos términos que no dejen espacio alguno a la discrepancia, que ha sido utilizada históricamente por dictadores de toda laya para justificar su continuidad en el cargo y perpetuarse en el poder. Si no fuera porque España no está para bromas, habría que tomarse con humor el hecho de que, incluso con esa pregunta fullera, haya supuestamente un 11,77 % de militantes de Podemos que lo que quieren que haya es un Ejecutivo Rivera-Sánchez, aunque ellos hayan votado a Pablo Iglesias.

A siete días de que se decida si en España se forma Gobierno después de cuatro meses interminables o es necesario convocar unas nuevas elecciones que en nada beneficiarían al país, ese es el deprimente nivel de la aportación de Podemos a la gobernabilidad. He defendido siempre que Pablo Iglesias no es ni mucho menos ese «friki» del que nos hablaba Pedro Arriola, pero el líder de Podemos parece empeñado en acabar dándole la razón al eterno gurú de los populares. Iglesias está demostrando con sus gestos y con sus hechos que de lo que huye es de asumir cualquier responsabilidad en el futuro de España. Y que lo que le interesa en realidad es protagonizar el papel de incendiario líder único de la oposición sin asumir el riesgo de comprometerse en la gobernabilidad y la prosperidad del país.

Pedro Sánchez, burlado reiteradamente hasta el escarnio por Iglesias, deberia ser el primero en saberlo. Y por eso resulta irresponsable que participe en la farsa y siga implorando el apoyo de Podemos. Sánchez ha intentado gobernar en solitario con Ciudadanos; negociar un Ejecutivo con Ciudadanos y Podemos, -saltándose por cierto el mandato del Comité Federal socialista-, y hasta pactar bajo cuerda con Junqueras el respaldo de ERC. En todo ha naufragado con estrépito. Si todas las combinaciones que ha intentado han fracasado, el paso siguiente no puede ser insistir en el error o resignarse a ir a las urnas, sino probar al menos lo único que todavía no se ha explorado. Por ello, sería intolerable que el líder del PSOE forzara la convocatoria de elecciones sin al menos sondear un acuerdo con el PP, aunque implicara que él y Rajoy dieran un paso atrás. Negándose siquiera a plantear esa posibilidad, Sánchez demuestra que, al igual que a Iglesias, su país le importa poco y solo le preocupa su propia supervivencia política.