El Polifemo fiscal


Como en la Odisea de Ulises nosotros también sufrimos la ira de un ser de un solo ojo, nuestro Polifemo fiscal, que reacciona furioso cada vez que se habla de las cuentas públicas proponiendo siempre recortes y más recortes. La última fue la pasada semana, ante la desviación en la cifra de déficit público, y su reacción fue inmediata y sin matices: este año hay que reducir el gasto público en 9.000 millones de euros más de lo que ya estaba previsto para corregir las 9 décimas de mayor déficit.

La obsesión de nuestro Polifemo fiscal le lleva a no ver que el déficit es la diferencia entre los ingresos y los gastos y que, por lo tanto, la corrección de los desequilibrios se puede hacer también incrementando los ingresos y no obligatoriamente recortando los gastos. Si nuestro personaje contemplara la realidad con dos ojos, a lo mejor era capaz de ver que esos casi 10.000 millones de desviación en el déficit es una cifra muy parecida al coste de la rebaja fiscal que hizo Rajoy con el vano intento de revalidar su Gobierno en las pasadas elecciones generales.

Las rebajas en el IRPF y los cambios en el impuesto de sociedades se traducen en una caída de los ingresos públicos que de esta forma se convierten en los verdaderos responsables de que las cuentas del 2015 se cerraran con un déficit mayor que el pactado con la UE. Pero no es el único factor. En su esfuerzo por no acabar su legislatura con menos empleo que el que dejó Zapatero, el PP ha abaratado al máximo las cotizaciones a la Seguridad Social de las nuevas contrataciones, con tarifas planas y contratos que apenas generan ingresos en la caja. Esto es, trabajo low cost financiado con el Fondo de Reserva de la Seguridad Social.

Hay que decirlo con claridad: el Gobierno de Rajoy actuó de forma irresponsable aprobando rebajas fiscales con fines electorales al mismo tiempo que recortaba gastos y tenía dificultades para corregir los desequilibrios en las cuentas públicas. Peor aún, el PP utiliza el problema del déficit provocado por su irresponsable política fiscal para justificar una nueva andanada de recortes en los servicios públicos y en los sistemas de protección social. Hoy bajo los impuestos a las empresas, a las rentas de capital y a los que más ganan, y mañana recorto el gasto en prestaciones por desempleo o en la sanidad para reducir el déficit provocado por los menores ingresos.

Una estrategia descarada de los que quieren desmontar el Estado de bienestar. Una posición que en nuestro caso es inaceptable, porque el problema de España no es que gastemos mucho, sino, por el contario, que ingresamos poco: el gasto público en nuestro país está 5 puntos del PIB por debajo de la media de la Unión Europea (equivalentes a 50.000 millones de euros) porque la presión fiscal es del 38 % del PIB frente al 46,3 % de media en la UE. Nuestro problema no es un exceso de gasto, sino una falta de ingresos.

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