Nos habíamos acostumbrado a que el presidente dijera en público en prime time eso de Sangenjo y La Coruña, en un tiempo muy real y muy presente, pero nos hemos puesto minihistéricos y lo que no podemos aguantar es que la ficción de culto por excelencia de la Televisión Pública nos ahogue en la realidad actual. Vale que lo diga Rajoy (y otros muchos que hoy siguen encallados en esas formas espurias), pero no un personaje del pasado, del verdadero ministerio del tiempo, donde la autenticidad fluye. Ahí los fans se han alineado duramente como vienen haciendo desde el inicio de la serie creando lo que ya es todo un fenómeno independiente de la audiencia. Porque si hay algo que han sabido generar en esta serie, más allá del placer particular de cada uno frente al televisor, es el entusiasmo colectivo de compartir detalles, opiniones y descubrimientos de cada episodio a través de las redes. Con la capacidad de acompasarlos con programas a la carta en la web de TVE en los que se destripan curiosidades y se anima a los seguidores a ser partícipes del humor que desprende la ficción. Las fans y los fans, etiquetados como Alejandro Farnesio, las rodolferas (por Rodolfo Sancho) o las Cayetaners (por Cayetana Guillén Cuervo), han conseguido entrar en esa otra órbita de ingenio fuera de cualquier guion con tal de servir a la marca que ya viaja sola en el tiempo: la de los ministéricos.