Todos contra todos


El «todos contra todos» o «sistema de liga» es una modalidad de competición en la que todos los participantes que aspiran al triunfo se enfrentan entre ellos un número constante de veces (una o dos habitualmente). Es algo que sucede en los deportes en general, por ejemplo en el fútbol. Pero, ¡oh, magia del poder!, ahora parece que también está sucediendo en nuestra política nacional. De hecho, el torneo ya está en marcha, porque, de un modo u otro, todos se están confrontando con todos para conseguir liderar o formar el Gobierno en España.

Algo que parece mucho más difícil de lo deseable. ¿Qué es lo que estamos viendo? Unos partidos muy reñidos, muy enrevesados y con muy oscuro desarrollo competitivo. Porque todavía pueden ganar todos, aunque no a la vez, claro. Al final, tendrá que haber un vencedor, es decir, un presidente del Gobierno. Pero lo hemos ido complicando todo tanto que aún no sabemos con seguridad ni siquiera las fechas de los encuentros previos.

Quizá porque la política no tiene esas reglas tan claramente establecidas que rigen en las ligas o campeonatos deportivos. A finales de enero salió al campo un veterano goleador, Felipe González, con un mensaje que parecía nuevo. «Ni PP ni PSOE deberían impedir que el otro gobierne», sin especificar cómo lograrlo, aunque subrayó que es «indiscutible que se debe dialogar con el PP».

Luego, volvió su mirada hacia Podemos y soltó que este partido «quiere liquidar, no reformar, el marco democrático de convivencia, y de paso a los socialistas, desde posiciones parecidas a las que han practicado en Venezuela sus aliados.

Pero lo ocultan de manera oportunista. Del mismo modo, dejaron de hablar de lo que sucedía en Grecia cuando más lo necesitaban sus amigos. Son puro leninismo 3.0». Tuvieron que correr los días hasta la pasada semana para que Felipe González reajustase su mensaje: «No tengo preferencias entre el Partido Popular y Podemos», dijo.

¿Qué ha cambiado? El veterano goleador descubrió que había saltado al campo antes de tiempo, con un Rajoy perplejo, un Sánchez obstinado, un Rivera aún indeciso y un Iglesias mirando al cielo. Ahora, sigue el partido de todos contra todos en un estadio atiborrado de gente pasmada. Es la liga política del desencanto.

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