Practicar el feminismo


La celebración, ayer, del Día Internacional de la Mujer invita a asomarse al campo del feminismo que, en los últimos 60 años, ha generado toneladas de magnífica bibliografía. Es vital que tengamos ya tanta y tan buena información sobre feminismo, porque ya en el siglo XIX escribió Herzen, el gran ideólogo de la revolución campesina rusa, que la práctica no consiente el menor error teórico. En el campo de la teoría, limitándonos exclusivamente a España, le debemos tres joyas sobre feminismo a la senadora socialista Carmen Alborch: Solas. Gozos y sombras de una manera de vivir, Malas. Rivalidad y complicidad entre mujeres y Libres. Ciudadanas del mundo. En el plazo de solo cinco años, entre 1999 y 2004, Carmen Alborch publicó estos ensayos de altísimo nivel intelectual escritos con una prosa tan clara como el agua de las fuentes cuando, claro, esas aguas son tan claras como la prosa de Carmen Alborch.

¿Y qué es el feminismo? El feminismo es una doctrina que reclama igualdad de derechos y deberes para mujeres y hombres. Quien reclama igualdad de derechos y deberes para mujeres y hombres -lo sepa o no- es feminista. Y quien no cree en la igualdad de derechos y deberes para hombres y mujeres es simplemente una acémila descerebrada -como es sabido, hay acémilas con un cerebro más desarrollado que algunos animales humanos- con la que es mejor no cruzarse en ninguna parte.

Sobre la base de tan buena teoría feminista, ya solo falta que la pongamos en práctica en la vida privada y en la vida pública.

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