Los puentes rotos

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Aquí estamos, esperando otra vez la votación. Será que no, como la otra tarde, porque no tengo noticias de pactos ni arreglos, sino de muchas promesas de llamarse el lunes. El lunes se van a llamar todos, se van a colapsar las líneas, y todos van a quedar en verse, primero por parejas, después quizá por tríos, y todos haciendo cálculos de qué les conviene: sacrificarse y ceder porque la gente no aguanta más, o ir a las elecciones a ver qué pasa, que lo mismo hay suerte y obtienen unos votos más. Unos votos más, si van acompañados de escaños, dan mucha fuerza para negociar después.

Será un alivio que se llamen y se vean, porque hay que ver cómo han dejado el corral. Iban a entenderse, o eso nos decían, y salieron con todos los puentes rotos. Ayer, reposadas las imágenes de su turbamulta, pudimos saber que Rajoy le había negado la palabra a Rivera, quizá por puro cabreo por las pecaminosas relaciones de un buen hombre de derechas con malvados socialistas. Albert tiene suerte de vivir en el siglo XXI: si viviera siglos atrás lo hubieran quemado en la hoguera por hereje. Quizá de ese menosprecio vino la invitación a los populares de que busquen otro líder.

Supimos también que Pablo Iglesias no solo irritó a la bancada del PSOE por la cal viva, sino que puso en pie de guerra a dirigentes poderosos como Susana Díaz. Los analistas tuvieron más claro que nunca que el demonio Iglesias no solo quiere arrebatar la hegemonía de la izquierda, sino presentar a los socialistas como herederos de una trayectoria sucia, manchada de crímenes de Estado y otras hazañas ignominiosas. Para el diablo Iglesias todo lo anterior es condenable, porque también el PP ha sido fundado por siete ex ministros que no tienen cal viva en las manos, pero sí sangre del franquismo.

Y los nacionalistas ya no quieren saber nada de cuestiones de gobernación, sino que están instalados en el derecho a decidir y solo dan su apoyo a quien se lo quiera reconocer. El título de mayor rompedor de puentes lo ganó Joan Tardá, que dejó hecho añicos el puente que unía Cataluña con España. E incluso el PNV, tan dispuesto a colaborar en los contactos privados, siente vergüenza de dar su apoyo público a nadie de España, no sea que los de Otegi le empiecen a llamar español.

Así dejaron el salón después de la gran juerga parlamentaria del miércoles. Ahora, los Sánchez, los Rajoy, los Rivera y los Iglesias se pasarán el fin de semana pensando qué diantres hacer, que diantres decir para serenar las aguas. Seguro que se les ocurre algo, ojalá se les ocurra, porque la gente se empieza a cabrear. Y a todo esto, se discute quién engañó al rey Felipe o si el rey Felipe se dejó engañar. Todo parece un campeonato de demolición.