El cuartel lingüístico catalán


La reciente anulación por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña de varias previsiones del Model de protocol d?usos lingu?i?stics per a la Generalitat de Catalunya i el sector pu?blic que en depe?n (http://llengua.gencat.cat/permalink/2969de5a-5384-11e4-8f3f-000c29cdf219) tiene una nula trascendencia por una razón tan escandalosa como fácil de explicar: que la Generalitat la incumplirá, como ha incumplido otras sentencias judiciales relativas al uso de las lenguas cooficiales. Lo ha hecho con pronunciamientos previos del citado tribunal y, por si ello fuera poco, con la clarísima doctrina que se deriva de la sentencia del Constitucional que resolvió el principal recurso de inconstitucionalidad contra el Estatut ahora vigente.

Y es que en este país un alcalde pude ser procesado por recibir de regalo una botella de vino de 10 euros mientras ninguna autoridad del Gobierno catalán lo ha sido nunca por echar a la papelera las decisiones que dictan en materia de lengua los tribunales de Justicia.

Por eso, la importante hoy no es destacar la relevancia de una sentencia que, al igual que otras, no servirá prácticamente para nada, sino aprovechar su impacto mediático para denunciar una vez más lo que acontece en Cataluña con la bien llamada política lingüística, ¡pues de política pura y dura es de lo que se trata en realidad! ¿Y qué acontece? Pues que Cataluña se ha convertido, por obra y desgracia de los nacionalistas, en un cuartel, donde se obliga a hablar y escribir en catalán a toque de corneta. O, mejor aún, en una distopía (contrautopía) similar a la que en 1984 narró Orwell.

En aquel mundo de pesadilla autoritaria había varios ministerios encargados de controlar hasta en su más mínimos detalles la vida de la gente sometida al permanentemente ojo escrutador del Gran Hermano: los del Amor, la Abundancia, la Paz y la Verdad. A imitación de esa locura, en Cataluña se ha creado de facto una especie de ministerio de la lengua, como cualquiera puede comprobar leyendo ese inverosímil modelo de protocolo de usos lingüísticos, donde se determina hasta extremos incompatibles, ya no con la cooficialidad lingüística garantizada por la Constitución, sino con la libertad más elemental, cómo deben hablar y escribir los empleados públicos catalanes. Solo a una mente enferma puede ocurrírsele tan patológico dislate, que evidencia una voluntad completamente incompatible con el pluralismo democrático.

La comparación entre lo que ocurre en Cataluña con la lengua como consecuencia de la acción fuera de control de los nacionalistas y el universo orwelliano es aún más procedente si se tiene en cuenta que a la mayoría de los secesionistas la lengua como tal se la trae verdaderamente al pairo, pues de lo que se trata en realidad es de utilizarla como instrumento de dominio social en el camino de la construcción de un nuevo espacio político, el Estado catalán, donde la independencia garantizaría el amor, la abundancia, la paz y la verdad. ¡Para echarse a temblar!

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