Vayan preparando urnas


Cada día un poco peor, qué le vamos a hacer. Del día de los enamorados hemos pasado a los días de los desamores, y casi nadie da un euro por la formación de ningún Gobierno: ni de izquierdas, ni de derechas, ni de intención centrista, ni de grande ni pequeña coalición, dicho sea con las debidas cautelas, porque todo puede cambiar antes de que se publique esta crónica. ¡Qué digo! Antes de que la acabe de escribir. Estando como están las cosas al ponerme al ordenador, las elecciones se perfilan como única salida, se mire hacia dónde se mire. Esperanza Aguirre puso difícil la prometida candidatura de Rajoy porque agrandó la dimensión de las corrupciones de su partido, creó un estado de opinión publicada muy crítico hacia el presidente e hizo recordar la condena de Albert Rivera: Rajoy no puede liderar la limpieza ética, porque quien no mantiene limpia su casa no es creíble para limpiar el conjunto del país. Si falla el apoyo de Ciudadanos, no hay Gobierno de Rajoy, por mucho que reclame su derecho a gobernar.

Respecto a Sánchez, con la iglesia de Podemos ha vuelto a topar. Miren que los socialistas han dicho que el referendo de Cataluña hacía imposible la negociación. Miren que han repetido que no era presentable que Pablo Iglesias impusiese la formación del Gobierno. Y, sin embargo, mantienen el referendo, reclaman prácticamente la mitad de los ministerios y pretenden convertir la teórica vicepresidencia de Iglesias en la presidencia efectiva, casi en un Gobierno paralelo, con poderes inauditos en una Administración pública.

Quede claro un criterio: el programa de Podemos no es intrínsecamente malo. El referendo quizá sea inevitable cuando no quede otro remedio, y no falta tanto. El gasto social que cuantifican es ahora mismo imposible, pero necesario. El reparto de ministerios es ajustado a los votos. Los apuntes de reforma constitucional parecen prudentes. ¿Qué es lo que estropea el pacto y hace decir a Hernando: «Pablo, no sabes dónde estás»? Sospecho que no es el fondo de la oferta, puesto que todo se puede negociar, sino el tono de imposición del discurso de Iglesias. No propone una coalición, sino que sigue proponiendo un Gobierno al estilo de Podemos, con los poderes más sensibles en manos de Podemos y con un presidente consentido y sostenido por Podemos.

Eso no lo puede aceptar Pedro Sánchez ni se lo dejaría aceptar su partido. Y Pablo Iglesias lo sabe. Claro que lo sabe. Por lo tanto, su propuesta de ayer debe ser entendida como una jugada ventajista: si se la aceptan, es su triunfo; si se la rechazan, son inevitables las elecciones. Y todas las últimas encuestas dicen que, si hay que votar, Podemos pasa por delante del PSOE. Ahí está la cuestión.

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