La tarea de ser Rajoy


Da la sensación de que esta cabeza está pensando en muchas más cosas de las que puede llegar a pensar una cabeza. Ser Rajoy no debe de ser tarea fácil casi nunca, y menos estos días de caloret. Esta cabeza está al borde del abismo o al borde de volver a ocupar el palacio de la Moncloa, según el optimismo o el pesimismo con que se mire. Puede que cerca de otras elecciones, quién sabe si como candidata o como votante de a pie. En el año tres después de los mensajes de Bárcenas, Rajoy no se da por rendido, lo cual tiene su mérito. Ayer mismo se plantó con los suyos en el Congreso y mandó parar. Hay quien pensará que tarde, o demasiado tarde. «Esto se acabó». No hablaba de sus aspiraciones. Hablaba de la tolerancia con la corrupción: «Aquí ya no se pasa ninguna». Ya no, ahora que en España la gente recita el abecedario de la corrupción como antes se recitaba la lista de los reyes godos. Esta cabeza de Rajoy puede parecer agotada o quizás es que está tomando oxígeno. Hay quien cree que a Rajoy no lo salva ni otra encuesta del CIS. En los 35 años que lleva ocupando cargos públicos, esta cabeza debe de haber escuchado de todo.

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