Un mundo convulsionado

Antonio Salas Ellacuriaga AL DÍA

OPINIÓN

29 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Entre mate y mate arreglamos el mundo. Es uno de esos ricos sabores de Argentina. Quizás esté equivocado, no soy argentino, pero para mí es la verdadera esencia del mate: la tertulia. Y ahí fue que nuestra amiga Chini usó ese adjetivo. La RAE dice «agitación violenta de agrupaciones políticas o sociales, que trastorna la normalidad de la vida colectiva».

Y es que efectivamente, el mundo es un gran cóctel convulsionado, de gentes, políticos, guerras, religiones,... también de Twitter, Facebook, Google, móviles, ebooks, drones... Todo es demasiado etéreo y efímero, y apenas reservamos tiempo para la reflexión.

Y hablando de personas y sus calificativos. Los que saben de leyes, usan a menudo el término «persona jurídica». Qué invento tan curioso este y al mismo tiempo útil, ¿no? Una persona jurídica puede ser una entidad y no necesariamente una persona. De las personas también se dice que pueden llegar a ser inhumanas; básicamente, cuando son malas malísimas. También hay lo que se llama persona ingrata y grandes personas.

Leí recientemente que una jueza elaboró un novedoso concepto, «persona no humana»; se trataba de la orangután Sandra, que gracias a una sentencia fue trasladada a un santuario en Brasil. Sus motivos tendría, no lo discuto. Como genetista, me sobrevienen muchas dudas sobre este nuevo concepto de la biología. ¿O quizás tiene que ver con el terreno afectivo? ¿Qué hacemos con un perro? Primero, pongámosle nombre para humanizarlo, Snoopy. ¿Podría ser persona no humana también? ¿Acaso no es el mejor amigo del hombre?

Efectivamente, vivimos en un mundo convulsionado. Un mundo donde las personas pueden ser humanas, inhumanas, o no humanas, e incluso pueden no ser personas.

Muchas veces nos conformamos con ser algo mucho más sencillo; algo así como un simple número en un pasaporte, en una cuenta bancaria, o un voto; así no más.