La culpa no es de Mas

Xosé Luis Barreiro Rivas
Xosé Luis Barreiro Rivas A TORRE VIXÍA

OPINIÓN

11 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Si Artur Mas tuviese la culpa de todo, como se suele decir, bastaría con aplicar el dicho «muerto el perro se acabó la rabia» y? «a otra cosa, mariposa». Pero, lejos de ser el principio de la solución, la llegada de Puigdemont amenaza con desatar la tormenta perfecta del separatismo en el momento de máxima debilidad y confusión del Estado.

Y eso significa que, para sostener que toda la culpa es de Mas, habría que aceptar dos ideas que, a pesar de formar parte del imaginario común, son equivocadas.

La primera es que en cualquier coalición -formalizada o fáctica-, en cuya composición concurren una fuerza mayoritaria y otra testimonial (37+1, por ejemplo, en una coalición de 38), la clave de todos los procesos es la minoría.

La realidad demuestra que el escaño solitario solo es clave si la mayoría hace dejación de su iniciativa y de su inteligencia. Y por eso, si en cualquier circunstancia de este tipo se inicia una deriva catastrófica, toda la responsabilidad debe recaer en la mayoría. Y la segunda idea desechable es que, tratándose de asuntos de gran envergadura, la intervención efectiva del poder arbitral no está legitimada hasta que la situación alcanza su momento de extrema gravedad.

Y eso tampoco es justo ni inteligente. Los nacionalistas catalanes han conseguido acomplejar a toda España, con su locura estratégicamente calculada, porque los poderes del Estado abrigaron la estúpida esperanza de que el independentismo se acabaría disolviendo en la saturación de sus éxitos transitorios.

Y el resultado de esta inoperancia es la peor de las perspectivas posibles en el peor de los momentos imaginables.

Desde hace dos años vengo diciendo que un pacto entre el Partido P opular y el PSOE resolvería el problema sustantivo -el de la aplicación del art. 155, y las posibles reformas constitucionales- en una sola declaración, y pondría fin a las rebabas insanas de este desgraciado proceso en no más de tres años. Esta idea sigue siendo verdad, aunque ahora ya no se pueda hacer sin recurrir a la gran coalición y sin las metástasis del independentismo transmitidas por Podemos a otras comunidades.

Pero es evidente que ni PP ni PSOE, que son los instrumentos que hemos designado para mantener el orden constitucional, están por la labor.

Por eso es necesario dejar claro que la culpa de esta pesadilla no la tienen ni Artur Mas ni la CUP, que sólo aprovecharon con astucia los fallos de la gobernanza general, ni tampoco el Gobierno, al que no se le reconocen ni la autoridad, ni la legitimidad, ni la normalidad de una intervención suficiente.

La culpa de esta crisis de la nación, de la democracia y del Estado solo es del Partido Popular y el PSOE, que, pudiendo gobernar con seriedad este bache, solo nos sirvieron improvisación, chalaneo, y astucias adobadas en humillante «y tú más».

¡Y quiera Dios que todo pare aquí!