Ay, Europa


La hipocresía, el cinismo y la indolencia se están quedando con la dignidad de los europeos, los mismos que no hace tanto nos íbamos a dar una constitución, con su carta de derechos fundamentales, para convertirnos de una vez por todas en unos Estados Unidos de Europa.

Pienso esto cuando me tomo el desayuno el día de Reyes, un día mágico para la infancia, mientras leo el periódico y de sopetón me encuentro con esa terrible foto de la página 21: un niño ahogado yace en la playa turca de Ayvalik? La noticia: treinta y seis ahogados al ir desde Turquía hacia Lesbos, huyendo de la guerra y el hambre, entre los que había muchos niños. Entretanto, Europa permanece impasible ante esta tragedia repetida, cotidiana? No fue así cuando tocó rescatar a los bancos o a la industria del automóvil.

Para más recochineo, la revista francesa Charlie Hebdo finge amar, respetar y defender la libertad, pero su portada en el aniversario de los atentados que metieron ese nombre en todas las casas del mundo muestra que busca únicamente provocar para vender. Resulta obsceno. Libertad, igualdad y fraternidad. El mundo cada vez más globalizado nos hace más cercanos, pero no más hermanos. La lección para mí y para todos nosotros es clara: hay muchas razones para ser pesimistas, pero el único camino auténtico es el de la esperanza, el del compromiso personal en la lucha por los derechos fundamentales de todos y cada uno de los seres humanos.

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