El poder de las urnas para cambiarlo todo


Todo apunta a que el domingo se va a producir en España un terremoto que echará por tierra la arquitectura política e institucional sobre la que se articuló el Estado desde que recuperamos la democracia y votamos. A nadie debe extrañarle, porque hay razones de sobra para que esto suceda. En realidad, lo sorprendente seria lo contrario, que después de todo lo que ha pasado el mapa político siguiera igual. Lo que duró 37 años, porque así lo decidió la ciudadanía, no ha podido resistir los embates de la crisis, pero sobre todo, por la forma en que fue gestionada por los dos partidos que tuvieron la responsabilidad de gobernar durante la gran recesión.

Las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría de la gente son ahora mucho peores que hace seis años. Y lo mismo sucede con las expectativas cara al futuro. España es hoy un país más injusto, más desigual, más pobre, con menos protección social, con menos derechos laborales, con peores servicios públicos, con menos empleo, más paro, mayor precariedad laboral y con salarios devaluados. Vivimos peor y tenemos miedo de que esta situación todavía empeore en el futuro inmediato.

Durante seis años la sociedad española se resistió como pudo a este proceso de deterioro, desde la marea blanca en defensa de la sanidad o la verde por la enseñanza pública hasta las tres huelgas generales convocadas por los sindicatos. Esa intensa movilización social se transformó en expresión política con el 15M, un movimiento protagonizado mayoritariamente por jóvenes, pero que contaba con la simpatía del 90 % de la sociedad española.

Este ciclo llega a su punto culminante el 20D. Las urnas proporcionan un enorme poder a los ciudadanos porque ese día -en realidad solo ese día- dejamos de ser manifestantes que protestan para convertirnos en electores que decidimos, con nuestro voto, qué futuro queremos para nuestro país. Por eso se confunden los que piensan que el ciclo político que empieza el próximo domingo se va a limitar a un simple cambio estético, a un cambio de caras o de partidos. Es eso, pero es mucho más que eso.

El mensaje que saldrá de las urnas el domingo es el deseo de la ciudadanía de regenerar las formas de hacer política, pero, sobre todo, de hacer una política diferente. Porque después de seis años de políticas de ajuste, de austeridad compulsiva, de reformas laborales, de recortes en los servicios públicos y de las prestaciones sociales, la gente ya no lo soporta más, entre otras cosas porque han demostrado su fracaso. Ahora toca hacer todo lo contrario.

Las urnas tienen un poder extraordinario, por eso no deben ser utilizadas frívolamente. La campaña electoral ha tenido más de espectáculo que de confrontación de programas e ideas, más de ruido que de balance de la legislatura. Pero ahora la ciudadanía tiene la oportunidad y la responsabilidad de hacerlo por su cuenta, de reflexionar sobre lo que pasó y de votar en consecuencia, para no tener que arrepentirse mañana.

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