Prohibir la Navidad

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

05 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

No lo conseguirán. Pueden reducir los alumbrados; desterrar -temporalmente- los belenes, los nacimientos; reiterar el mantra de «los solsticios de invierno» (sic, Colau dixit), ignorando que es solo uno, en singular; imitar al viejo Scrooge del dickensiano Cuento de Navidad; talar los árboles navideños de las plazas mayores; reivindicar el oscuro invierno, desterrar al extrarradio las cabalgatas de reyes; odiar el significado de un día de diciembre en el que nació un Niño que cambiaría la historia, nuestra historia, la que acogió una interpretación serena del pensamiento occidental.

Nuestro talante democrático de hombres libres que respetamos otras culturas sobrevenidas, que no prohibimos ramadanes, que toleramos como si tal cosa hanukkahs hebraicas y otras expresiones de la libertad religiosa que nada tienen que ver con nuestra tradición, estamos sufriendo una agresión silenciosa que amenaza directamente nuestras expresiones navideñas más arraigadas. Es como vetar la lluvia del norte, el frío de los inviernos o prohibir que nieve en Moscú.

Este diciembre se ocultan los nacimientos populares, con sus ríos de papel de plata, sus castillos de Herodes en lo más alto del belén y el musgo del invierno delimitando los caminos de la historia. Nuestra bella tradición relanzada desde Nápoles resulta vergonzosa para los equipos municipales coordinados desde el eje Colau/Carmena y sus adláteres menores. Desde la incultura, la intolerancia y la escasa ilustración de quienes se mueven por consignas primarias, tópicos elementales y manuales que no pasaron del Marta Harnecker o como mucho del Poulantzas y otros catones marxistas.