El grupo terrorista que desde hace días trae de cabeza a media Europa está provocando jaquecas añadidas a los periodistas, que a veces vacilan sobre cómo deben llamarlo. Lo que nació como la Organización para el Monoteísmo y la Yihad (2004), después fue la Organización de la Base de la Yihad en el País de los Dos Ríos (2004), más tarde el Consejo de la Shura de los Muyahidines (2006) y después el Estado Islámico de Irak. Su actual nombre data del 2013: Al-Dawla al-Islamiya fi al-Iraq wa al-Sham, que comenzó traduciéndose como Estado Islámico de Irak y Siria.
La primera enmienda que recibió fue el cambio de Siria por Levante, pues ambas cosas significa al-Sham, que aquí se refiere a esta región geográfica, no al actual Estado con capital en Damasco.
Aunque en español no se emplea el nombre inglés Islamic State of Iraq and Syria, ni falta que hace, sí se usa su sigla, ISIS (en inglés también utilizan ISIL). La única justificación para ello podría ser la de emplear una denominación internacional, común a los países de nuestro entorno. Razón, a nuestro modo de ver, insuficiente. Cuando utilizamos siglas de sintagmas con formas española y en otros idiomas recurrimos preferentemente a la nuestra. Así, por ejemplo, hoy en español goza de mayor aceptación OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que NATO (North Atlantic Treaty Organization).
Quienes aceptan la denominación Estado Islámico de Irak y el Levante suelen acortarlo en un más manejable Estado Islámico, al que hay quien pone el reparo de que puede ser un reconocimiento de que el grupo terrorista es un auténtico Estado. Ese criterio nos llevaría a rechazar cualquier nombre que, a nuestro juicio, no se ajuste a la realidad que designa. ¿Qué tenía de democrática la República Democrática Alemana? Hay quien intenta superar posibles reticencias anteponiendo al pomposo nombre de la organización yihadista el adjetivo autodenominado.
De Estado Islámico de Irak y el Levante y su versión abreviada salen dos siglas, EIIL y EI. La primera tiene los inconvenientes de que corresponde a un sintagma poco usado; de que con tres vocales consecutivas, dos de ellas iguales, no se pronuncia cómodamente, y de que las íes y la ele mayúsculas se distinguen mal en algunos tipos de letra impresa. La sigla de la versión breve, EI, no tiene esos problemas, pero para algunos ese monosílabo bilítero no lleva inmediatamente a su significado.
Finalmente, el Estado Islámico también es designado en ocasiones como Daesh (también DAIISH y otras variantes). Este nombre, pese a ser el menos transparente de los mencionados, es impulsado por algunos Gobiernos occidentales, entre ellos el español, porque, además de ser el acrónimo de la forma árabe de Estado Islámico de Irak y el Levante, suena en aquella lengua como una palabra que molesta a los yihadistas porque significa ?algo que aplastar o pisotear?. Esa forma de combatir a los terroristas parece la guerra de Gila, cuyo ejército, a falta de tanques, tenía un Seiscientos con un enano y en lugar de disparar insultaba. Y este es un asunto muy serio.