Galicia, la dimensión de un problema

Uxio Labarta
Uxío Labarta CODEX FLORIAE

OPINIÓN

26 nov 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

A menos de un año de elecciones en Galicia, y a menos de un mes de las elecciones generales, la Galicia aplazada parece haberse convertido en el imaginario político de aquella sociedad de muertos que seguían viviendo en un Ollo de vidro.

Los problemas que ocuparon al presidente y los expresidentes de la Xunta, reunidos aquel otoño de hace dos años, se mantienen -sea la Administración autonómica, la ordenación del territorio, la política forestal o los incendios- o se evidencian como dramáticos, al igual que otros no referenciados. Así, el problema demográfico formulado a la vez que obviado desde hace años, cheque bebé incluido, o la predicción con tiempo de lo que sucedería con la desaparición de la cuota láctea en la Galicia ganadera, o los problemas de rentabilidad de la pesca costera, del marisqueo y del mejillón. Tampoco la nueva regulación europea de la financiación ha permitido una recuperación de la construcción naval, lo que sí sucedió en el País Vasco o Asturias, y nuestros problemas industriales y del sector servicios, con notables excepciones, son problemas sin solución certera ni análisis maduro en nuestra economía.

Si bien el símbolo emocional del Sergas, trasunto de los menciñeiros como sostiene Murado, y sus cien mil recetas diarias para una población envejecida, es prioridad para los gobiernos, se asiste a una transformación de la propiedad hospitalaria privada, paralela a los profundos recortes en la inversión y a una cuestionable gestión en la sanidad pública, especialmente grave en personal médico y enfermero.

Los esfuerzos presupuestarios realizados en la enseñanza universitaria no resuelven algunos de sus males estructurales y estamos lejos de encontrar una reflexión certera. El eje ferroviario del Atlántico, aún cicatero en frecuencias de utilidad para el ciudadano, asombra por la demanda generada. Asombro oficial que sorprende, pues la movilidad en vehículo particular y sus costes asociados no es una opción libre, sino imperativo para trabajar y desplazarse en este desarticulado territorio. Tanto que un año después de aprobada por la Xunta, se inicia trámite parlamentario de una nueva ley del suelo lejos del entendimiento.

Problemas todos ellos que configuran la dimensión de un drama, el de Galicia, que se ignora por actores principales y secundarios. Lo ignoran las organizaciones empresariales y financieras, al igual que las organizaciones sindicales. Lo ignoran los partidos políticos, lo que no es drama menor, pues el presupuesto de la Xunta equivale a un 15 o 20 % del PIB gallego, y es tan solo unos mil millones inferior al del Gobierno vasco, por comparar. Y lo sufren los ciudadanos descreídos de que su Gobierno y su Parlamento les puedan aportar remedios y soluciones. Nadie se ha inmutado ante las candidaturas, ni por la composición de las listas, ni siquiera por ese intento de obtener un grupo parlamentario propio con una candidatura de unidad (sic). Porque de Galicia poco se habla. Tampoco de Jalikiah, como al parecer la conocían los musulmanes peninsulares.