Ahora vienen las prisas


Ahora nos han entrado las prisas por blindarnos ante la locura yihadista. No es que la amenaza terrorista haya surgido ayer; es que, como siempre nos ocurre, no nos movemos hasta que le vemos las orejas al lobo. Y una vez más, al tiempo que enterramos a las víctimas asistimos a permanentes anuncios de esfuerzos extraordinarios por salvaguardar nuestras vidas.

Pero es que tratamos de blindarnos después de que los terroristas se hayan paseado festivamente por media Europa; de que la policía los haya identificado, interrogado y soltado, y de que los servicios secretos dijeran tenerlos controlados. Es un decir, a la vista del resultado, pero los tenían controlados. La ineficacia policial en la batalla europea contra la barbarie ha sido un rotundo fracaso, como lo demuestra el hecho de que más de 5.000 europeos dedicaron sus vacaciones a luchar con el EI en Irak y Siria, y muchos de ellos regresaron a Europa. La gran mayoría, al barrio belga de Molenbeek.

Si se hubiese actuado con la profesionalidad y el rigor que requieren unos descerebrados que unen sus muertes a las de las víctimas, no estaríamos llorando a cientos de muertos. Si la policía europea y sus responsables no hubieran fiado la presencia yihadista a la suerte, ahora no estaríamos amenazados por duras medidas de control que van a coartar aún más nuestras libertades. Las que se toman hoy mismo para asistir a estadios de fútbol denotan que nada va a ser igual en el futuro. Pero la dejadez y la ineficacia nos llevaron a esta situación. Nos imponen recortar más las libertades a cambio de seguridad. Como si esa fuese la solución.

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