El papel lo aguanta todo

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

Una de las más contundentes lecciones de periodismo exprés que recibí en mi vida me la dio un concejal de Urbanismo. La concejalía de Urbanismo -sobre todo en los tiempos del jolgorio inmobiliario- es la única que de verdad importa, porque todas las demás, incluso la de Hacienda, son sucursales de esa otra ventanilla en la que se decide qué leiras se convierten en suculentas torres de viviendas.

Como no había noticias que llevarse al teclado, me dedicaba a husmear en las fichas del Plan General, que es una especie de novela que la ciudad se escribe a sí misma cada diez o quince años para contarse el cuento de lo bonito que va a ser todo cuando las calles estén alicatadas hasta el techo y vivamos felices en nuestro dúplex. Y como no me acababan de cuadrar todas aquellas promesas simultáneas de frondosas zonas verdes y parcelas edificables rodeadas de bucólicos carriles bici, se me ocurrió ir a preguntar al concejal de Urbanismo. Me soltó la respuesta, en todos los morros, como un guantazo. Más que nada para que no le interrumpiese otra vez con chuminadas:

-El papel lo aguanta todo.

Al leer ayer la propuesta de resolución presentada en el Parlamento de Cataluña a cuatro manos por Junts pel Sí y la CUP la frase se me subió de golpe a la cabeza. Justo como uno de esos lingotazos de caña del país que te sirven de postre en la aldea mientras el dueño del alambique, pasando mucho de la OMS, insiste en que el agua de fuego no hace daño porque es casera.

Las dos páginas y sus nueve puntos son la demostración empírica de que, como avanzó aquel concejal de Urbanismo, el papel lo aguanta todo. Porque a la misma hora en que la policía rebuscaba en los cajones de los pijamas de Pujol sénior y los Pujol júnior, sus herederos ideológicos sellaban en el registro del Parlamento de Cataluña la iniciativa para «el proceso de desconexión democrática». Y cuando uno habla de desconexión no te está anunciando que te va a enviar por el abogado los papeles del divorcio, sino que ya está tirando por la ventana tus libros y tus camisas, para que los vecinos se enteren de que te han puesto de patitas en la calle. Es lo que viene a decir la propuesta, con algo de insolencia, cuando apunta que «no se supeditará a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular del Tribunal Constitucional» y que todo esto «lo pone en conocimiento del Estado español, de la Unión Europea y del conjunto de la comunidad internacional», dando la misma importancia a la presidencia rotatoria de la escalera que a quinientos años de matrimonio.

Rajoy, que coincide que estos días salió un rato del plasma para cumplir con sus entrevistas y sus ruedas de prensa, estuvo ayer rápido en la respuesta. Tal vez empieza a darse cuenta de que hay problemas, como el de Cataluña, que no se resuelven solos mientras se maceran en la bandeja de asuntos pendientes. Ojalá no sea demasiado tarde. Porque el papel lo aguanta todo, pero los seres humanos a los que nos quieren partir medio país en la crisma somos algo más frágiles.