Desbocados


Puede que no nos lo parezca pero hemos dado un salto estratosférico. Hace exactamente un mes estábamos hablando de si el 47 % de los votos era suficiente para avanzar en el proceso independentista de Cataluña y hoy ya hablamos de la declaración unilateral de un Estado catalán independiente en forma de república y, lo que es peor, de desobediencia a las instituciones españolas o, dicho de otra forma, a las instituciones que no remen a su favor, aunque no sea el favor general.

La presentación de la resolución en el Parlamento de Cataluña por el que se inicia el proceso del Estado catalán independiente es el primer acto formal para la disparatada declaración soberanista. Hasta ahora estuvimos instalados en discursos mesiánicos, discusiones de tertulias de televisión, chascarrillos y amenazas a través de recaderos de voy a hacer y no te lo dejamos hacer. Pero ahora ya estamos sobre la cruda realidad; con una declaración formal que ya podemos considerar aprobada por un Parlamento democrático, al disponer de mayoría secesionista.

Por una vez el presidente Rajoy ha estado ágil. Para no decir mucho, es cierto, pero ágil. Porque lo que la mayoría de los españoles queremos escuchar no es que se va a cumplir la legalidad porque se usarán todos los instrumentos políticos y jurídicos. Eso se supone en un Estado democrático, con un Gobierno democrático. No debe el presidente ocultar por más tiempo la estrategia y las medidas que tiene previsto adoptar para poner fin a esta carrera hacia el disparate y la paranoia. Lo que queremos saber es cómo. Cómo se puede aplicar la legalidad con mecanismos, por muy democráticos que sean, a quien habla de desobediencia. Cómo se puede hacer desistir a unos iluminados que ya adelantan que solo van a respetar las decisiones que ellos mismos se otorguen. Cómo se puede poner freno a quienes amenazan con pasarse por el arco de triunfo las resoluciones judiciales. En definitiva, lo que queremos saber es cómo se puede hacer entrar en razón a quienes están completamente desbocados.

Tan desbocados como en aquellas películas de vaqueros que tanto nos divertían de niños, cuando el caballo con la chica a lomos galopaba enloquecido hacia el abismo, sin nadie capaz de detenerlo. Hasta que llegaba el macizo galán, el héroe salvador. Y todos aplaudíamos. Solo que en este caso no tenemos ni macizo, ni héroe, ni galán, ni salvador.

el desafío secesionista

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