El cambio

Ramón Pernas
Ramón Pernas NORDÉS

OPINIÓN

24 oct 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

En la protohistoria democrática, allá por el año 82 del pasado siglo, el cambio era mucho más que una frase, era el aire nuevo envuelto en las banderas rojas del partido socialista que, guiado por Felipe González, anunciaba el cambio que iba a consolidar la joven y debutante cultura democrática, que se legitimaba con el triunfo socialista tras la imprevista debacle de la UCD, el partido que improvisó un inédito centrismo como maquillaje de la ideología conservadora.

Desde entonces, la palabra cambio se ha convertido en el comodín de todas las opciones de izquierda, de ese híbrido que se ha dado en llamar centrismo e incluso de las opciones conservadoras, en todos los comicios de las tres largas décadas de trayectoria democrática.

El socialismo del señor Sánchez, posibilista y acomodaticio, pretende un cambio sustancial en cada cita electoral, aunque sea un poco más de lo mismo, evidenciando en su oferta electoral que poco hay que cambiar en los viejos planteamientos que no refrescan ni modernizan los antiguos programas, ni siquiera usan distintos collares para los mismos perros rejuvenecidos.

La derecha que lidera Rajoy no pregona cambio alguno ni tiene por qué cambiar su modelo de España. Parece haberles funcionado, alcanzando, a pesar de recortes y sufrimiento, gran parte de los objetivos propuestos. Así que «impasible el ademán» y «prietas las filas», que lo tenemos todo claro. A veces no les falta razón ni coherencia.

Pero el cambio va a llegar por la vía generacional, por el fracaso de la política viejuna, por el hastío de la ciudadanía y por el triunfo de la demagogia, encarnada en las nuevas formaciones, frentes, plataformas, mareas y mareos que unifican discursos tomando un poco de acá y otro poco de allá, algo de Althusser revisitado, una puesta al día de los principios anarquistas y la coletilla multiuso del término colectivo la gente como coartada populista.

Habrá candidaturas camufladas, amparadas, emboscadas en lo que en su día fue Podemos, y que están recomponiendo los restos del naufragio. En las elecciones del 20D van a ser parte importante del cambio que se predica en mítines y tertulias.

El otro cambio viene dado por esa agrupación que, en torno a un líder, ha generado un partido a mi juicio excesivamente personalista y con un programa que subraya lo que la gente quiere oír. El programa conocido de Ciudadanos es más un conjunto de eslóganes que un catálogo razonado y riguroso de soluciones imaginativas para un país que está necesitado de respuestas.

Queda hablar de los nacionalistas y sus emociones irreales, de las patrias y de las banderas, de los himnos y los idiomas. Hay entre las sensibilidades políticas la opción de los comunistas, que intentan colocarnos el cambio desde la utopía, sin querer saber que la utopía es lo que más ha cambiado. Volveremos sobre ello antes de que diciembre nos visite con sus fríos electorales, los del cambio real que nos amenaza, el cambio climático.