PP y PSOE: la guerra de las ataxias

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Coincidiendo con el anuncio del próximo estreno de la séptima entrega de Star Wars (La guerra de las galaxias), PSOE y PP libran su propia conflagración electoral, caracterizada por una particularidad muy llamativa: que, en el fondo, no compiten ya entre ellos, ni lo hacen siquiera por sus flancos con Ciudadanos y Podemos. No señor: PSOE y PP han acabado por pelear consigo mismos, en lo que podría llamarse La guerra de las ataxias, pues es de ataxia (dificultad para coordinar sus movimientos) de lo que están hoy ambos aquejados seriamente.

El PP se presenta como el único partido capaz de asegurar la estabilidad gubernativa frente a una informe coalición de las izquierdas que duraría lo que un caramelo a la puerta de un colegio. Y aunque esa línea fuerte de campaña podría resultar muy eficaz, pues se basa en una idea compartida por millones de españoles, será invendible si el PP no logra coordinar tal movimiento con los necesarios para darle coherencia: actuar como un partido unido bajo el liderazgo de Rajoy. Y es que cuando un presidente del Gobierno denuncia la inestabilidad que podría llegar con sus principales adversarios, no puede tener a dos ministros poniéndose verdes ante el público, a un expresidente del PP dándole caña sin cesar a su sucesor en la Moncloa y a un montón de cuadros diciendo por lo bajini (o por lo altini) que hay que cambiar de caballo a diez metros de la meta.

La ataxia del PSOE la provocan otras causas, pero no menos relevantes. Sánchez se vende como el regenerador de nuestra democracia, esclerotizada y amenazada, según él, por el autoritarismo del PP, mercancía que gusta también a muchos electores del puño y de la rosa en riesgo de pasarse a Ciudadanos o a Podemos o de no retornar al PSOE, tras haber hecho ya antes ese tránsito. Pero ofrecerse como el paladín de una nueva democracia exige coordinar tal movimiento con los que Sánchez realiza en su partido, que tienen de regeneradores lo que yo de cardenal. La ataxia del PSOE, ya puesta de relieve con la leninista depuración de Tomas Gómez o de Carmona en el Ayuntamiento de Madrid, ha llegado al no va más en la elaboración de las listas socialistas, en las que Sánchez ha colocado a una tránsfuga infumable (Irene Lozano) como la gran regeneradora del partido y se ha limpiado sin el más leve miramiento a cualquier adversario potencial que pudiera discutir su liderazgo si tras las generales no se convierte en presidente. Con regeneradores así, estamos aviados.

La ataxia del PSOE y del PP perjudica gravemente a ambos partidos, pero tiene un efecto sistémico inevitable: contribuye a la atomización del voto hasta un punto que podría colocarnos tras las elecciones de diciembre en un escenario desconocido en el pasado: que nadie pueda gobernar. Y eso, queridos lectores, sería lo peor que podría pasarle hoy a este país.