Falabarato


Muchos de los que presenciamos el debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera en Salvados, el programa de La Sexta que presenta Jordi Évole, hemos descubierto o, como en mi caso, hemos visto más claro todavía que el líder de Podemos es un temerario vendedor de humo. De largo resultó el catalán claro ganador del café para dos, pues buena parte de los argumentos que esgrimió resultan reflexionados y creíbles. En cambio, Iglesias se limitó a interpretar su tan cansino papel de redentor de los parias de la tierra, sin dar ni el más mínimo razonamiento de cómo iba a distribuir una riqueza que primero hay que generar. En un insulto a la inteligencia del telespectador, se sacó de la manga miles y miles de millones para subir un salario mínimo sin más explicación que la de que era imprescindible. Desvergonzadamente lo soltó, y si alguien se lo cree, mejor para él.

Sus asesores no anduvieron finos al permitirle tal mercadeo de insustancialidades. Su caída libre era más que previsible, pues Europa hace cuatro décadas que dejó de terminar en los Pirineos, y los españoles ya no nos creemos que los niños vengan de París. El discurso procomunista del líder de Podemos serviría para unas elecciones generales en Caracas, con el líder de la oposición encarcelado, pero no para un país donde no está mal visto que en un debate cara a cara haya dos interlocutores.

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