Vídeos para dar que hablar


La cita con las urnas se acerca y para espanto o deleite de los ciudadanos los partidos ya no esperan ni a la campaña para empezar a sorprender con sus poco sutiles vídeos electorales. El último ejemplo falto de mesura es el del PP que presentó un spot en el que una paciente (España) moribunda (en crisis) logra resucitar en el hospital gracias (se sobreentiende) a la acción del Gobierno.

Cuesta creer que los que idearon este anuncio, al igual que tantos otros, no calculasen que sus efectos podrían volverse en contra. Hoy en día fabular con la sanidad es socialmente contraproducente. Los votantes son, además, suficientemente maduros como para advertir el exceso de propaganda y los mensajes poco subliminales. La única disculpa podría ser el ansia de repercusión, algo que no habría logrado sin tanta controversia.

Hasta diciembre, vídeos de toda factura, melodía y dudoso ingenio apelarán, más que a la lógica, a la emoción. La meta es alcanzar un rápido éxito digital que, sin embargo, no garantiza votos y, dependiendo de su clase, incluso, puede ahuyentarlos. El inclasificable anuncio del exalcalde de Oyón (Álava) sirve de ejemplo. En la campaña de las municipales su grotesca marcha al trote por el pueblo no dejó a nadie indiferente. Fue un fenómeno en YouTube que no le sirvió para revalidar la alcaldía.

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