Pedro Sánchez y la regeneración del PSOE

OPINIÓN

Hace seis meses la obsesión de Sánchez por distanciarse del PP se basaba en dos cosas que él decía tener y Rajoy no: las elecciones primarias, que iban a convertir al PSOE en la organización más participativa de Eurasia, y la cantera de candidatos y expertos más amplia y refulgente que cabía imaginar. Y la inmensa mayoría de los ciudadanos le cogió la palabra en sus dos sentidos esenciales: porque estaban convencidos de que iba a cumplir y porque les hizo creer que las primarias eran la panacea regeneradora que tanto necesitamos.

Incluso yo asumí, con total inocencia, que nadie se iba a sentar en las Cortes sin pasar por las urnas internas y externas, aunque siempre tuve la seguridad de que el sistema de primarias iba a ser una fuente de conflictos de primera magnitud. Pero aquella alegría y aquella transparencia duraron tan poco que ya en las elecciones municipales y autonómicas se optó por la vía de la excepcionalidad -una especie de aclamación hecha por el aparato- para elegir a todos los grandes líderes, desde Susana Díaz, que era una obviedad, a Gabilondo, que no la era, y desde Fernández Vara, a quien se le respetó el cargo que había ganado en buena lid, hasta Carmona, a quien le obligaron a votar a Carmena contra su criterio antes de tirarlo a la papelera como si fuese la hilacha usada de un engrasador.

La segunda alarma saltó cuando el propio Sánchez se escudó en la excepcionalidad de la aclamación en vez de optar por la gallarda vía de la elección acrisolada. Las primarias quedaban, pues, para la chusma, que luego era excepcionada a su vez por el procedimiento que le aplicaron a Tomás Gómez y a tantos otros.

Pero el escándalo llegó en la formación de candidaturas para las generales de diciembre, cuando Sánchez decidió copar el aparato del PSOE y eliminar cualquier vestigio de oposición interna, masacrando los dos principios que había propugnado: el de generalizar las primarias, que no se le aplicó a ninguno de los mirlos blancos que acaba de exhibir -Irene Lozano, Zaida Cantera y Maritxell Batet son algunos ejemplos-, el de respetar el resultado de las primarias, que tanto Sánchez como sus barones cambiaron a placer y sin el menor escrúpulo -así cayo Laura Seara-, y la de tirar responsablemente de su propia cantera, ya que la regeneración la van a hacer independientes renegadas de sus anteriores destinos, o amigos de la cúpula que trepan sobre el esperpento de las primarias como si fuesen ardillas.

No seré yo, por lo dicho, quien defienda la necesidad de las primarias o el monopolio de las canteras. Lo que sí defiendo es que la madre de todas las regeneraciones es el respeto a la palabra dada. Y Pedro Sánchez ya nos metió el primer gol mientras se estaban sorteando los campos y el portero Juan Pueblo se estaba enfundando los guantes. Y así, amigo Pedro, no se vale.