Y ahora oro en Río


España es un país bipolar. Todo o nada. De amor o de odio. No hay término medio, aunque luego el caladero de centro es el que más votos da. En este país somos demasiado de pico y poco de pala. La única pala que se nos da bien es la de enterradores. La última prueba de los cambios de humor del español es la selección de baloncesto. Ahora resulta que todos creíamos en ellos. Ahora todos sabíamos que Gasol es un gigante irrepetible, una leyenda. Bien sabe Iker Casillas de lo que hablo. Ni al principio de su carrera Iker era un genio sin competidor (era un excelente portero de balonmano con unos reflejos de escándalo) ni luego fue el desastre que tuvo que escuchar unos silbidos inmerecidos. Lo mismo pasa con la selección de baloncesto. Qué rápido se borran las críticas. Ni cuando perdieron frente a Serbia en el primer partido y luego contra Italia eran un grupo en declive, ni ahora ya son casi fijo oro en Río, a esperas del equipo que lleve Estados Unidos. En la vida conviene en utilizar más el fiel de la balanza. Conviene pesar los hechos y pensar antes de hablar. Lo dice Scariolo, solo hay un camino para soñar: el trabajo. Es una generación única. Falta la espina del oro frente a Estados Unidos. Esperemos que estén Marc Gasol y Navarro. Será un drama elegir entre Mirotic o Ibaka. Pero un torneo es muy largo. Y solo lo gana el que va a más. España lo ha demostrado. Pero Río no es solo Estados Unidos. Volverán a jugar Francia, Serbia, Grecia... No caigamos ya en la marmita de oro sin jugar, sin sudar.

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