Tres mujeres en un banco

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

25 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

La pasada semana tres mujeres entradas en años comentaban, sentadas en un banco de la plaza, el retraso en la adjudicación del programa de viajes para los mayores de sesenta y cinco años, conocido popularmente como viajes del Imserso. Una de ellas contaba que los dos últimos años no había podido viajar porque su pequeña pensión, y la situación laboral de su hijo, no le permitían ese gasto. Las tres estaban de acuerdo en que el coste no era mucho, pero que con esto de la crisis había mucha gente que había renunciado a esos días de vacaciones. Mi curiosidad me llevó a informarme sobre el programa y, les confieso, que mi sorpresa no fue poca.

La creación del programa de viajes para los mayores fue una más de las buenas ideas de la ministra socialista Matilde Fernández. En su origen, pretendía que disfrutaran de unos días de vacaciones muchas personas que a lo largo de su vida no habían tenido esa posibilidad, a la vez que contribuía a mantener una importante tasa de empleo en el sector turístico desestacionalizando la demanda. Para que los lectores se hagan una idea de su éxito, el programa va camino de cumplir su tercera década y ha sido copiado en otros países de nuestro entorno.

Sin profundizar en los datos, se trata de un programa totalmente sostenible. El coste para las arcas públicas es de aproximadamente trescientos millones de euros anuales, que se ven compensados por lo que pagan los usuarios, en torno a trescientos euros de media, por los ingresos por impuestos varios, y por la cantidad que el Estado se ahorra en las percepciones por desempleo de unos cien mil trabajadores. He leído en un diario económico que se recupera un euro y medio por cada euro invertido.

A lo largo de estos años, el diseño y las condiciones del mismo no han sido sustancialmente modificadas, y así, basta ser mayor de sesenta y cinco años y percibir una pensión pública en España para poder solicitar viajar. Pues bien, y aquí viene mi sorpresa, el acceso al programa es independiente del nivel de renta del solicitante, dicho de otro modo, el coste es el mismo para un alto ejecutivo de la banca con un elevado patrimonio, obviamente jubilado, que para el perceptor de una pensión no contributiva. Esto no es normal.

Sé que en este país nadie quiere tocar las cosas de los mayores, pero no parece difícil recuperar el espíritu original, que creo estaba en la mente de la ministra, introduciendo un sencillo factor de corrección por renta. Si esto resulta muy complicado, basta crear un pequeño programa complementario que facilite a los pensionistas de rentas más bajas la posibilidad de viajar. No he hecho el cálculo, pero el coste sería mínimo y el bien máximo.

Las tres mujeres siguieron charlando al sol en el banco, ya no de los viajes, sino de sus cosas y de lo felices que les hacía ver la plaza llena de niños en verano; dos de ellas cuidaban de sus nietos. Yo seguí tomando mi Estrella y pensé que para cobrar una pensión «no contributiva», contribuían bastante a la vida del pueblo.