¿Para qué votan los griegos?


No es mucho arriesgar si nos aventuramos a decir que la ganadora absoluta de las elecciones griegas de mañana es la gran Europa. O lo que es lo mismo, las ganará Angela Merkel y sus compinches de la troika. Porque, sea cual sea el resultado, ni Syriza, ni Nueva Democracia, ni por supuesto el Pasok, van a poder llevar a cabo su programa. Tan convencidos estamos del resultado que ya ni nos preocupamos, cuando hace unos meses no hablábamos de otra cosa.

Entonces, ¿para qué votan los griegos? Si saben que van a tener que arrodillarse ante lo que se les impuso para la concesión del último rescate; si saben que Tsipras los dejó colgados de la brocha y que traicionó el mandato que le dieron en referendo; si conocen que Nueva Democracia falsificó los datos macroeconómicos y los llevó a la insolvencia; si saben que, según el FMI, la vuelta de rosca no servirá para salir adelante y saben que todo va a seguir igual sea cual sea el resultado, ¿para qué molestarse en votar?

Solo apelando a la larga tradición democrática griega, de la que tanto presumen, y a la esperanza de que alguna decisión los salve de la catástrofe es lo que va a llevar a los griegos a las urnas. O puede que también lo hagan como un ejercicio habitual del descanso dominical; tras el paseo y las cañas, a votar.

Porque no se entiende muy bien que un país sea llamado a las urnas cuando conoce de antemano los ganadores, el programa que llevarán a cabo, las reformas y hasta las cicatrices que sus decisiones van a producirles. No se entiende que un país vaya a votar por los que con sus estropicios los llevaron a la ruina y ahora los van a sacrificar.

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