El viejo que incendió Cualedro

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

06 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El incendio más devastador del verano fue el producto absurdo de un anciano de 83 años. La afirmación debería resonar como una alarma en los oídos de quienes siguen pensando que el asunto este de los fuegos forestales se soluciona afinando la extinción y desarticulando esa banda organizada de malhechores que se dedica a plantar lumes. Porque si hiciésemos caso de algunas teorías, parecería que en Galicia hay un cartel del fuego con el mismo impulso criminal y la misma sofisticación malvada que el de Medellín. La conjetura nos liberaría al resto de los gallegos de la sospecha de que esto tiene más que ver con lo que somos y absolvería a los políticos de la obligación de diagnosticar la enfermedad y aplicar un tratamiento eficaz y definitivo. Por ahora, lo que se propone es llenar las cárceles de ancianos, chiflados y vengadores vecinales, desgraciados que es verdad que empuñan la cerilla pero que es imposible que expliquen un vergonzoso hecho diferencial que no desaparecerá por muchos hidroaviones que acudan a sofocarlo. Miremos la fotografía del autor del crimen medioambiental de Cualedro y decidamos si esa figura enjuta y encorvada aclara de verdad este embrollo existencial que nos estremece cada vez que el verano viene caliente, pues el frío sigue siendo la única estrategia que garantiza un estío tranquilo. Una sociedad seria y responsable se haría algunas preguntas y viajaría hasta el momento en el que los gallegos nos divorciamos del monte y empezamos a utilizarlo como un rehén en el que hemos depositado algunos de los grandes conflictos que no hemos sido capaces de resolver como país. Porque, ¿de verdad creen que G.A.A., 83 años y una vida que es fácil imaginar, lo explica todo?