Álvaro Cunqueiro anda doente

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa FARRAPOS DE GAITA

OPINIÓN

06 sep 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando todavía no se había recuperado de la amenaza fantasma de desahucio del callejero madrileño, a Álvaro Cunqueiro lo han vuelto a meter en un entuerto al bautizar con su nombre el nuevo hospital de Vigo. Seguro que el Sergas lo hizo con todo el cariño del mundo. Cunqueiro se merecía que le pusieran un hospital en Vigo más que nada por las horas que pasó de pequeño sentado en una banqueta, escuchando parrafear a los clientes de la botica que regentaba su padre, y porque, aunque nunca dejase de soñar con ese último sol del día resbalando desde el valle sobre la piedra incendiada de la catedral, al final de su vida ya casi era tan vigués como de Mondoñedo.

Pero el caso es que Cunqueiro, justo después de ese conato de desalojo de su calle madrileña, se ve ahora envuelto en gruesos titulares sobre la tortuosa mudanza al centro sanitario. A veces olvidamos que una mudanza es una maldición bíblica (de ahí que se le dedique un libro entero, el Éxodo, a la cuestión) y que los complejos hospitalarios no se llaman así solo para presumir de tamaño.

Y con todo este lío del traslado de los goteros y los pacientes, en medio del fuego cruzado de los políticos y los doentes (que a menudo están doentes en más de un sentido de la palabra), me imagino que el propio Cunqueiro anda algo doente, pero con una leve sonrisa en los labios, mientras charla entre las nubes con Perrón de Braña, Borrallo de Lagoa, Silva da Posta y el resto de aquella gavilla de sanadores que, si no te curaban las dolencias, al menos las sospechaban, como anota en el arranque de Escola de menciñeiros.

Uno de mis personajes favoritos del libro es Cabo de Lonxe, que cuando Cunqueiro le preguntaba por dónde caía Lonxe le replicaba:

-¿E quen o sabe? Xa a meu avó lle chamaban Cabo de Lonxe.

Otro de mis menciñeiros de cabecera es sin duda Lamas Vello, que sanaba a ciertos pacientes procurándoles matrimonio o haciéndoles reír con sus historias. E incluso en algunos casos los curaba solo con susurrarles al oído el nombre de la dolencia que padecían, que es más o menos lo que hizo luego el doctor House en la tele, pero ya en plan cool y con la camisa por fuera.

Para Lamas Vello, el problema estaba en la tendencia humana a somatizar:

-Moitos hai que non están doentes. É que se anoxan.

No sé si es que lo somatizamos todo y por eso andamos anoxados, pero con este barullo creo que a Cunqueiro, más que en el letrero del flamante hospital de Vigo, le gustaría estar ahora mismo por donde nació el abuelo de Cabo de Lonxe.