Brú na Bóine es un lugar que invita a fantasear con la vida de otros milenios. Un escenario propicio para un viaje en el tiempo y comprender las grandezas y miserias de la humanidad. Es el área megalítica más extensa de Europa. Esta formada por 40 monumentos, es Patrimonio de la Humanidad y uno de sus principales elementos es el gigantesco túmulo de Knowth, medio milenio más joven que el dolmen de Dombate. Su circunferencia mide 90 metros, tiene 12 de alto y en sus piedras hay 300 grabados, con motivos lineales, circulares, espirales, geométricos y calendarios inspirados en las mismas creencias y filosofía y con trazos similares a los petroglifos sembrados por los montes gallegos y casi nunca señalizados ni mínimamente cuidados.
Dicen los de la entidad A Rula, unos románticos que localizan y estudian estos tesoros prehistóricos, que el fuego es uno de los factores que más contribuyen a deteriorar estos enigmas del pasado. En realidad, los incendios lo destruyen todo, como tirar la vida a un basurero. Un país que quema sus montes es que no tiene esperanza en su futuro, solo un mañana negro de los tizones y gris de la ceniza. Una apuesta clara por el desierto.
La pantalla de fuego avanza asolando Galicia entera, asfixiándola con su humo en esta esquizofrenia autodestructiva inexplicable, que obliga a derramar ingentes cantidades de dinero público improductivo. Nunca habrá recursos suficientes contra la irracionalidad. El Planeta Azul a este paso se convertirá en el Planeta Rojo, de fuego maldito y sangre. La única solución es cultivar los montes y llenarlos de nuevo de ganado. O tal vez la solución esté en esos petroglifos que contienen mensajes aún sin descifrar.