El error Carmona

OPINIÓN

11 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Antonio Miguel Carmona, último escabechado en el partido socialista de Madrid, es una excelente persona y un mal político que ha cometido tres errores consecutivos imperdonables. El primero fue no dimitir en solidaridad con su secretario general, Tomás Gómez, cuando Pedro Sánchez defenestró a este último en una maniobra orquestada con Prisa y Rubalcaba para declarar candidato a la comunidad de Madrid al rey desnudo. El segundo, también conjugando el verbo dimitir, no dejar su puesto el día en el que cosechó los peores resultados municipales que ha tenido el partido socialista en Madrid. Y el tercero, imperdonable y de imberbe, no aceptar la alcaldía de Madrid -¡nada menos que la de la capital de España!- cuando Esperanza Aguirre, la ganadora, se la ofreció en un pacto a tres: PP-PSM-Ciudadanos. El pobre Carmona obedeció sin rechistar la negativa de Ferraz y acató el ucase de votar a Manuela Carmena-Podemos, que era la tapada de Sánchez para jugar a los cromos con la comunidad de Madrid si el rey desnudo hubiese ganado a Cristina Cifuentes o esta no hubiese pactado con Ciudadanos.

Carmona, acérrimo crítico de Podemos, aceptó sumiso el papel de comparsa que le ordenó Sánchez y con ello firmó la sentencia de muerte aplazada que le tenía asignada la candidata oficialista a la secretaria general del PSOE-M, Sara Hernández, que merced al apoyo de la dirección federal del PSOE se impuso con un 57,67 % a Juan Segovia, con una participación que no superó el 50 % de los electores, al quedarse en casa 8.500 de los 15.000 militantes con derecho a voto.

Carmona tenía que haber desoído la orden de Ferraz, haber aceptado la oferta de Aguirre y ahora sería alcalde y desde ese puesto se hubiera fortalecido él, hubiera fortalecido al PSOE-M, hubiera fortalecido al PSOE y hubiera aplicado buena parte de su programa, que era espléndido y lleno de sentido común. A Carmona le falta el instinto asesino que lleva consigo todo político de raza y ahora verá cómo se estudia el error Carmona en la misma universidad católica en la que él da clases.