La economía española ha entrado en un círculo virtuoso, afirma satisfecho Rajoy, firmemente apoyado en las cifras de crecimiento. Seguro que tiene razón. Ojalá.
El problema de los círculos es que son figuras perfectamente cerradas. Y hay importante sectores de la población que se sienten fuera del que describe el presidente.
Empezando por los pensionistas, a los que anuncian que sus ingresos van a volver a subir el 0,25% cuando se calcula que la inflación pase del 1% en el 2016.
Siguiendo por los parados. El Gobierno afirma satisfecho que el desempleo va a seguir bajando y que no hará falta destinar tanto dinero a subsidios, pero los parados de larga duración que ni logran empleo ni cobran subsidio, y el millón y medio de hogares en los que no entra un euro se sienten también fuera del círculo virtuoso.
Si las rentas de las familias y de las empresas son ahora inferiores a las del 2011, como dicen la estadística, muchas familias y empresas tampoco están dentro del cálido redondel.
Los trabajadores que han encontrado empleos por días, horas o a tiempo parcial se quedan igualmente en el frío exterior del círculo. Y son muchos, porque, aunque están creciendo las afiliaciones a la Seguridad Social, las cotizaciones apenas repuntan.
Es una magnífica noticia que exista ese círculo virtuoso. Falta ahora que se amplíe lo suficiente para que quepan dentro amplios sectores de la población que, lejos de haber iniciado una recuperación, se sienten cada día más marginados.