Si lo que pretendía el alcalde de Villares del Saz era colocar a su pueblo en el mapa, lo ha conseguido. Aunque es muy dudoso que a los poco más de 500 habitantes de este municipio conquense les guste el motivo por el que su pueblo ha saltado estos días a la fama.
Al político popular no se le ocurrió mejor forma de criticar a la portavoz del PSOE de Castilla-La Mancha que dedicarle en su perfil de Facebook tres rotundos adjetivos descalificativos ya sobradamente repetidos a estas alturas. En el primero la situó entre las mujeres que ejercen la prostitución. Debió de parecerle insuficiente y con el segundo la colocó entre las que practican esa actividad por menos precio. Para rematar la faena utilizó el término podemita, dando a entender que para él existe una relación directa entre el oficio mencionado y un partido político que emerge con mucha más fuerza de la que el regidor popular probablemente desearía.
Cuando sus soeces afirmaciones provocaron el lógico alboroto, reaccionó pidiendo «mil veces perdón» por lo que consideraba simplemente un comentario desafortunado. Y aún le sobró desfachatez para afirmar que no había sido su intención «insultar a esa señora», despreciando la inteligencia de los demás. ¿Qué dirá cuando pretenda insultar?
El PP reprobó su conducta, pero se limitó hasta ahora a anunciar que la estudiará el comité de Derechos y Garantías del partido.
«De diez cabezas, nueve embisten y una piensa», escribió Antonio Machado. El lado en que ubicar al alcalde no ofrece dudas. Si la reacción del Partido Popular no es lo rápida, rotunda y contundente que merece semejante personaje, habrá que concluir que opta por colocarse del mismo lado.