Ahora Madrid, en versión original

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

19 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras meter la pata un día sí y otro también, proclamando el lunes como rutilante novedad lo que el martes se desmiente, el equipo de gobierno de Madrid ha decidido echarse al monte y crear una especie de Arriba (periódico oficial de la Falange y del régimen franquista) para rectificar las informaciones de los medios de comunicación que dan cuenta de lo que hace el ayuntamiento de la capital de España.

Para entendernos, en lugar de actuar con sentido común -anunciando sus medidas de gobierno tras haber analizado pros y contras, para no tener que desdecirse de inmediato-, la corporación madrileña ha optado por crear una página web (Versión original) cuyo nombre indica a la perfección lo que hay detrás: una concepción que no cree en el derecho a la información, como resultado del ejercicio de la libertad de prensa característica de una sociedad pluralista y democrática, sino en el predominio de lo que anuncia oficialmente un poder que se considera con derecho a decidir qué es verdad y qué es mentira.

Dios nos coja confesados si a esta concepción, de ecos claramente autoritarios (el citado Arriba, el Gramma del régimen castrista), se añade la manifestada por Pablo Iglesias cuando dijo, siguiendo las enseñanzas del chavismo, y se quedó tan pancho, que «los medios de comunicación tienen que tener control público»: es decir, control político, es decir, del o los partidos que tienen mayoría.

Por supuesto, Iglesias rectificó al poco tiempo con el cuento de que no había querido decir lo que había dicho claramente, poniendo así de relieve una forma de actuar muy alarmante. Pues existen muchos motivos para maliciarse que lo que piensa esta izquierda emergente, que presume de moderna siendo más antigua que el cuplé, es justamente lo que afirma antes de los correspondientes desmentidos.

Y así, aunque luego rectificó en todo, Manuela Carmena quería crear un banco público, como si no hubiera existido en España el fiasco de las cajas; deseaba que los colegios de Madrid los limpiasen cooperativas de madres (es un misterio por qué no también de padres) sin enterarse de que habría que poner en la calle a todos los trabajadores de las contratas de limpieza; y quería implantar una tasa turística en el momento en que estamos saliendo de la crisis gracias en gran medida al incremento del consumo derivado del aumento del turismo. Por no hablar de aquellos comedores de verano que se quedaron en aguas de borrajas o el parón de los desahucios que se convirtió en «soluciones habitacionales». ¡Para echarse a temblar!

Sí, para echarse a temblar, sobre todo si quienes han conseguido buenos resultados en la ligas menores (municipales y autonómicas) lograran ganar en la mayor -las generales- donde cada error y rectificación añadiría plomo en las alas del país para consolidar la recuperación de nuestra economía tras ocho años de crisis angustiosa.