Grecia y los sanfermines


Por haber vivido en Grecia los tres primeros años felices de mi vida, tras lograr sacudirme allí el letal catolicismo que había arruinado mi vida con la terrorífica culpa cristiana, Grecia es, para mí, mi segunda patria. Mi primera patria es esa que Juan Goytisolo llama su madrastra, España. Mi patria chica es Pamplona y, por haber nacido allí en plenos sanfermines, veo el chupinazo en TVE con emoción, recordando a familiares y amigos vivos y a amigos y familiares muertos. Y me viene a la memoria el antropólogo griego Aris Pulianós que, por haber residido en un hotel de Pamplona próximo a una iglesia y al ayuntamiento desde el que se ha lanzado el cohete que inauguró las fiestas, echó pestes porque las campanas de la iglesia y, sobre todo, las del reloj del ayuntamiento, que al menos entonces llegaban a oírse hasta en Santiago de Compostela, le habían despertado varias veces.

Al seguir ahora las terribles noticias de Grecia, se mezclan en mi memoria los días felices de mi estancia en Atenas, cuando traducía, entre otros poetas, a Seferis, el autor del verso «Grecia me hiere viaje donde viaje», que tanto suena al «me duele España» de Unamuno.

Al escribir ahora sobre Grecia leo estos versos de Les elegies de Bierville de Carles Riba, el espléndido poeta catalán que tanto amó a Grecia. Para Grecia parecen escritos estos versos: «Rica de lo que ha dado, y en su ruina tan pura». Tan pura y, por supuesto, tan culpable de su ruina.

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