No a la desesperación

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Mientras las sacudidas del aplastante no griego han descolocado a la monolítica UE, mientras el temor a una hecatombe económica y política han puesto en alerta roja a los países más prósperos a uno y otro lado del Atlántico, mientras las bolsas alcanzan mínimos y los inversores se esfuerzan por recuperar sus fondos en caso de que el corralito griego se extienda, mientras los banqueros no dejan de hacer números para afrontar el agujero que puede dejar una quita de la deuda griega, lo que menos parece preocupar es lo que hay detrás del voto de los ciudadanos.

Obsesionados con hacer cuadrar las cuentas, cobrar los intereses de unos préstamos que se concedieron sin conocer la situación real de la economía griega y someter a un pequeño país que no supone una gran parte del pastel europeo, a los economistas y políticos no les interesa el sufrimiento de los helenos de a pie.

Esta falta de consideración por el pueblo, no solo aupó a Syriza y a su líder Tsipras al poder en Grecia, en lo que se consideraba un movimiento populista efímero, sino que ha sido corroborado, de nuevo, en las urnas. Pero no nos equivoquemos, la voz del pueblo no ha refrendado el órdago de Tsipras a la Troika. El no va dirigido a la desesperanza, a las mentiras de los sucesivos gobiernos y a la avidez de los financieros. Puede que ese no solo consiga mejorar en algo las condiciones de la devolución del préstamo y las ayudas, pero al menos ha permitido al pueblo manifestar que sigue necesitando un cambio más justo y social, quizás poco realista, pero desesperado.