Larguísimas negociaciones, falta de avances y una sucesión de disparates están poniendo a Europa de los nervios a cuenta del auxilio a Grecia. Ayuda gente como Christine Lagarde: «La criminal en jefe os saluda», le espetó la jefa del FMI al ministro heleno Varufakis. O la vacía retórica del jefe del Gobierno griego, en vísperas de un impago catastrófico. Tsipras ayer en Moscú: «Estamos en medio de una tormenta, pero somos un pueblo que sabe manejar el mar, y la tormenta no nos asusta». A Europa no le quedará otra que tragarse el sapazo y admitir una quita en la deuda; o exponerse a un Grexit (un escenario inédito) que, digan lo que digan, espanta en Madrid, en Roma, en París, en Berlín. Y en la economía, como ciencia social, gestionar factores incontrolables como el pánico que ya se advierte (corralito) es clave. Se busca quién sepa hacerlo.