Un niño


El pasado mes de mayo, en el lugar de Silván, parroquia de Erbecedo, municipio de Coristanco, un automóvil atropellaba y dejaba sin vida a un niño de solo dos años. El área del accidente está urbanizada y, de hecho, el menor caminaba de la mano de un familiar por la acera; en tanto la conductora causante del atropello circulaba ordenadamente, de modo que no se advierten conductas dolosas o culposas. Es un escenario simple, en el que nunca ha pasado nada, hasta esta indeseable tragedia.

Tras esta descripción, queda afirmar que en tal marco ha perdido la vida un niño de dos años, un niño que nada tenía que ver con el tráfico, el más frágil y vulnerable usuario del tráfico.

Y así las cosas, cabe decir que en un lugar mínimo, alejado de conflictos, se ha inscrito la tragedia extrema, la muerte de un niño que nada sabía de seguridad vial.

¿Queda lugar para una reflexión?

Tan solo para recordar que los más pequeños deberían caminar por la derecha de la acera; siendo claro, por lo demás, que una distracción es propia de todo ser humano.

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