Zafarrancho general


Las cosas ya no son como eran. A Rajoy sus campanilleros le han obligado a dar marcha atrás; a Pedro Sánchez le recuerdan que logró los peores resultados desde el 79; Pablo Iglesias ya supo lo que es aplacar alguna sublevación y a Rosa Díez y Garzón, mejor dejarlos. Ahora también se adivina una sublevación en Ciudadanos porque, según dicen, Rivera ha puesto la directa y sin encomendarse a nadie toma decisiones sobre el futuro de la formación. Zafarrancho general.

Lejos quedan aquellos tiempos en los que González, Aznar o Fraga decidían solitos y hasta sus ministros y conselleiros se enteraban de lo que debían hacer por los periódicos. A nadie se le ocurría pedir explicaciones a quienes llevaban el partido con la misma determinación que el país. Se acataba sin rechistar lo que el gran líder decidía.

Pero claro, la sociedad va madurando, pide responsabilidades y parece que la clase política, aunque a regañadientes, va sumándose a la ola. Ya no vale que el líder decida por su cuenta y riesgo, sino que hay que explicar, escuchar y acordar, porque de lo contrario quedará en evidencia, como están quedando algunos. Liderar no es mandar, ordenar, y dictar.

Sería deseable, y esperemos que no solo un sueño, que quienes forman parte de las estructuras de los partidos hagan oír sus voces. Que a las reuniones de los consejos y los comités vayan a algo más que a doblar el espinazo y aplaudir. Pero tampoco nos hagamos demasiadas ilusiones, porque mientras el bocadillo esté en manos de los jefecillos no va a resultar sencillo que cambien.

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